Foxcatcher: Danzando hacia el abismo

Como todo deporte basado en el primitivo arte de darse hostias, la lucha libre necesita de una narrativa alrededor que la justifique más allá del placer que genera estampar a un rival contra el suelo. Hablamos de técnica, de mucho entrenamiento, estrategia, patriotismo y también algo que podríamos emparejar con la danza. Foxcatcher es eso, una danza; una danza macabra de unos seres débiles que bailan juntos hacia el abismo.

Pese a estar basada en hechos reales, y que la (enferma) verosimilitud de lo que pasa ante nuestros ojos nos haga pensar en lo que pasó de verdad, tenemos que tener claro que el director, Bennett Miller, utiliza la historia de los hermanos Schultz y Jon Du Pont para construir su propio relato sobre la soledad, la envidia, el éxito y nuestra irreprimible necesidad de cariño. Porque si la película hablara solo de una cosa, algo que no es ni mucho menos cierto, sería de unos cuantos personajes intentando salvar unas enormes carencias afectivas.

Jon Du Pont pertenece a la exótica casta de los nobles americanos. No sabemos mucho de su familia salvo la alta cuna que le brindaron y un enorme éxito empresarial que permite a nuestro protagonista contar con dólares infinitos para sus caprichos. Bueno, eso y que los problemas con su madre le permitirían entrar en un club fundado por Norman Bates. Acostumbrado a que su voluntad se haga al ritmo que los billetes salen de su bolsillo, lo único que necesita de verdad es algo que no puede comprar: el cariño de una madre que jamás le dará su aprobación y el reconocimiento que le dejarían salir del estancamiento personal en el que vive. Freud adoraría a este decadente miembro de la nobleza.

Todos estos problemas son los que hacen que su relación con Marck Schultz (Channing Tatum) sea tan intima desde el principio. El joven luchador, siempre a la sombra de un hermano/padre que le ha criado y entrenado toda la vida, necesita tanto a esa figura paterna como necesita quitársela de encima para poder ser él mismo. Du Pont y Schultz cubren las carencias del otro y desarrollan una amistad que al otro lado de la pantalla observamos siempre con inquietud y un halo de tristeza. Es el infeliz abrazo de dos desgraciados, algo condenado a salir mal.

Para componer el drama, al que los escenarios palaciegos le dan un toque incluso más Shakespeariano de lo que la propia historia es, el director decide dar un paso atrás y que sean los propios personajes los que avancen a su auto destrucción. Los planos largos y lejanos, el montaje sobrio y la música austera dejan todo el protagonismo a unos actores que encontrarán en Foxcatcher un punto de inflexión en sus carreras.

Así, sin más alardes que un maquillaje tan descarado como efectivo, es como se compone un cuento clásico americano. Una de esas historias sobre la cara B de los valores de un país en el que el éxito y el fracaso son axiomas tan interiorizados que rara vez aparecen historias grises en las que se pierde ganando. Por eso Foxcatcher nos fascina.

Lo que dije de Foxcatcher

Foxcatcher recuerda a esas películas que vienen de cuando en cuando de Estados Unidos para recordarnos la parte oscura de todo lo que cuentan las películas de Hollywood. El sueño americano no siempre brilla tanto como parece, y cuando dejamos de mirar solo a la superficie nos encontramos un mundo de personajes siniestros como los que aquí se nos presentan.

No sé si la película hablará de eso, porque la enorme personalidad de los personajes retratados muchas veces excede a la propia película, pero a juzgar por el último plano, creo que el director tenía en mente algo parecido a lo que digo en estas líneas. 

Veremos una película incómoda, de las que a ratos nos cuesta mirar fijamente a la pantalla, con situaciones límite y una atmósfera opresiva, pero sobre todo nos encontramos ante una película de actores. Tanto Channing Tattum como Steve Carell y Mark Ruffalo interpretan papeles que prometen dar un giro a sus carreras, o al menos en la percepción que los espectadores tenemos sobre lo que cada uno de ellos representa en el puzle hollywoodiense.

No sé si se puede decir alegremente que los tres hayan hecho el papel de su vida, sobre todo cuando hablamos del gran Michael Scott, pero lo que sí es seguro es que ninguno de ellos han hecho nada igual anteriormente. Una película diferente que permanecerá durante años como uno de los momentos destacados de la carrera de cualquiera de sus protagonistas.

¿Qué gafas me llevo?

foxcatcher-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Si te seduce salir con mal cuerpo del cine, las historias que acaban mal y las demostraciones de lo jodido que puede estar en ocasiones el ser humano, esta es una de las mejores ocasiones que tendrás en estos meses para gozar cual gorrinillo en el barro.

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