Premios Óscar: Nominadas a mejor documental

Citizenfour (Laura Poltras)

Álvaro Alonso

En junio de 2013 saltaba la noticia: Verizon, una de las grandes empresas de telecomunicaciones americanas, colaboraba con los servicios de inteligencia americanos dando información de los registros de llamadas de más de 120 millones de clientes. Luego nos enteraríamos de que Google, Microsoft, Facebook y todas las grandes compañías de internet hacían lo mismo con millones de emails, vídeos y todo tipo de contenido privado de sus usuarios. Poco a poco nos íbamos enterando de que el espionaje masivo no se reducía a Estados Unidos, sino que también afectaba a usuarios de todo el mundo. Ni siquiera los líderes políticos o los diplomáticos estaban a salvo de esta vigilancia. Las técnicas más oscuras de la inteligencia americana quedaban al descubierto provocando un escándalo a nivel global, y todo por culpa de Edward Snowden.

Citizenfour, el alias que utilizaba Snowden para comunicarse con los periodistas, es un documental sobre todo este proceso de filtración desde dentro: las comunicaciones previas con los periodistas, las múltiples reuniones en el hotel de Hong Kong en el que vivía el informático, o las consecuencias globales y personales que tuvieron los hechos. Laura Poltras nos regala un documento histórico valiosísimo, con una perspectiva desde dentro y en tiempo real de aquellos días en los que nos quitaron el velo de los ojos, pero también una visión privilegiada sobre cómo se gestiona un scoop periodístico. Con suerte, la gran favorita para alzarse con la estatuilla servirá para que los americanos tengan una perspectiva diferente sobre Snowden y muchos dejen de pensar en él como el traidor a la patria que les han vendido.

La sal de la tierra (Wim Wenders)

Javier C.

El antaño deslumbrante Wim Wenders, autor de películas tan memorables como En el Curso del tiempo, Paris Texas, o El amigo americano, parece haber perdido desde hace tres décadas el favor del público y de la crítica como elaborador de ficciones. En cambio, sus documentales alcanzan casi siempre la maestría: tanto Buenavista Club Social comoPina son soberbios. Lo mismo sucede con La sal de la tierra, estrenada hace muy poco; y, para quien esto suscribe, una de las joyas cinematográficas del año. En ella Wenders recorre la existencia y, sobre todo, la obra, del célebre fotógrafo Sebastiao Salgado: cómo los avatares del destino y de la experiencia lo llevaron desde la vida indígena sudamericana a fotografiar sólo animales  y paisajes. Siempre en un sobrio, elegante y elocuente blanco y negro, las fotos de Salgado se van sucediendo en la pantalla mientras sus reflexiones sitúan en contexto las imágenes. Aunque se trata de un documental duro y bastante poco dirigido al espectáculo de masas (aunque a estas alturas a Wenders le importará un bledo tal espectáculo), por la profundidad de sus asuntos y la desnudez con que ilustra las penas y crueldades de la naturaleza humana, así como por la belleza con que a veces nos maravilla, quede aquí recomendado a los lectores más curiosos de Mayhem como una obra de arte que no deberían pasar por alto.

Finding Vivian Maier (John Maloof, Charlie Siskel)

Jesús Albarrán

“Quiero mis periódicos” Una mujer gritando en medio de un centro comercial siempre es mucho más interesante que cualquier otra cosa en kilómetros a la redonda. Porque, independientemente de quién es esa mujer te preguntas, ¿cómo demonios habrá llegado hasta aquí?  Lo radical, excéntrico y peculiar siempre ha sugestionado al alma y creado la sombra de duda y misterio, el extrañamiento ante el hecho incomprendido y no asumido por la sociedad. Y eso es exactamente lo que se propone Finding Vivian Maier: bucear dentro de una alma excéntrica, obsesiva, peculiar y contradictoria a través, no sólo del arte, sino de la ficción y la realidad del personaje ―y la persona― de una desconocida: Vivian Maier.

Vivian Maier fue fotógrafa toda su vida; y además una fotógrafa de gran éxito y cualidades asombrosas para la composición y el manejo de la luz; solo que ella, si bien lo sabía, no quiso compartirlo jamás con nadie. Nació en New York y trabajó como niñera hasta el final de sus días, vestía chaquetas de hombre y fingía acento francés.

Lo más interesante de Finding Vivian Maier, es Vivian Mailer. Quizá por eso, es extraño que la película no convierta a Mailer en un personaje de novela ―que es lo que se espera de un documental como este― hasta bien avanzada la película. Con cierta indecencia de falso documental impecable, Finding Vivian Maier respira una estética juguetona de snobismo embalado y comercial por y para la industria cultural del documental digital de calidad. Y funciona de maravilla.

Charlie Siskel y John Maloof ―su mecenas y descubridor―, seducidos por las búsquedas emblemáticas propias de los documentales de estilo y elegancia, persiguen el desencuentro de los callejones y las casualidades, el detalle, el hecho particular; el regalo envuelto en ameno papel de charol. Quizá esa manida dosificación narrativa amiga de la sorpresa y el asombro lastran, por momentos, al documental. Pero todo eso se va al garete cuando empiezan a aparecer las primeras fotografías en pantalla, y más aún cuando se empieza a desnudar al fantasma de Maier ―que recuerda demasiado, como broma histórica occidental, a Mary Poppins, a una incomprendida Beatrix Potter― y el espectador intenta atraparlo atónito, viendo cómo una heroína hobbo se le escapa entre las manos. Una búsqueda naive, simpática sin llegar a ser paródica, un puzle que busca las vueltas al espectador. Todo bajo la evanescente luz de las fotografías de Vivian Maier. Didáctico, misterioso y bello como los billetes de autobús y los recibos de contribución; pequeñas trazas de realidad que recolectaba con celo la propia Maier. Más allá de su manifiesta estética ―a veces grandilocuente y superficial en su pretendida inocencia―, Finding Vivian Maier plantea la reflexión sobre la encrucijada del arte, la vida y la soledad menos física que espiritual. Y eso no es irrelevante para nadie.

Virunga (Orlando von Einsiedel)

Álvaro Alonso

El parque nacional de Virunga (República democrática del Congo), con un tamaño similar a la comunidad de Madrid, es el eje de un documental que todo el mundo debería ver. En este gran pedazo de tierra se condensan muchos de los conflictos políticos, económicos y morales que nos tocan o tocarán a todos en este siglo: la conservación del medio ambiente, la prevalencia de los intereses económicos sobre lo social o los derechos sobre el territorio de los que la habitan. Todo visto desde la óptica de una joya de la naturaleza, con la que una vez más aprendemos lo general mirando a lo concreto. Y aquí lo concreto es un gorila.

¿Por qué no puede vivir un gorila en su casa? Los gorilas no organizarán una plataforma de defensa del parque ni recogerán firmas para su conservación, pero eso no evita por un instante que entendamos que esa tierra es su tierra. En un caso como este, con fascistas como responsables de la petrolera que pretende evitarlo, nuestra posición es inevitablemente más clara. El dinero no puede ponerse encima de la soberanía de los pueblos (y los animales) para que puedan decidir qué hacer con el sitio en el que viven.

Pero además de un enorme documento político, Virunga es también una película enorme. No solo son intereses enfrentados, corrupción y avaricia. Virunga es sobre todo una historia de amor. Un militar que defenderá el parque hasta la muerte, una periodista que arriesga todo para destapar la podredumbre política y económica alrededor, unos padres que quieren dejar a sus hijos un lugar mejor que el que vivieron o un cuidador que vivirá y morirá con sus gorilas porque son su razón de ser en el mundo. Contándonoslo todo, un director que compone una obra maestra de la denuncia a la vez que se arriesga y nos regala decenas de imágenes sobrecogedoras. Por todos ellos, pero sobre todo por Virunga, debes ver esta alucinante pieza de cine.

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Especial Premios Óscar 2015

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