Premios Óscar: Nominadas a mejor cortometraje de animación

The Dam Keeper (Dice Tsutsumi, Robert Kondo)

Álvaro Alonso

The Dam Keeper no es un proyecto de fin de carrera ni una idea brillante llevada a cabo entre dos amigos. Eso queda claro cuando has visto el primer minuto de los 14 que dura la película. Se trata de un pedazo de producción capitaneada por dos dibujantes de Pixar que han querido hacer una historia por su cuenta. La música, la historia y sobre todo la increíble animación demuestran que se trata de un corto que sabía que iba a ganar premios. Aun no sabemos si el Óscar será uno de ellos, pero de momento lleva un carro como se ve en su página web.

La historia de este cerdito, que se dedica a mantener a todo un pueblo a salvo de una extraña nube de polvo y oscuridad mientras que sus conciudadanos le repudian por su apariencia, tiene un sabor agridulce. El recorrido del protagonista, que pasa por la rutina, la ilusión, la decepción, la ira y el sacrificio tiene una moraleja que no comparto, pero que forzosamente queda olvidada con la maravilla visual que muestra cada uno de sus fotogramas. Apabullante.

The Bigger Picture (Daisy Jacobs)

Jesús Albarrán

A pesar de su simpática puesta en escena y algunos rincones de humor, The Bigger Picture es un lienzo cuarteado por la muerte y el drama del cuidado de los mayores; el dibujo de las relaciones familiares desvirtuadas en la tinta y el esperpento. Daisy Jacobs se desmarca de la animación tradicional con una estética tan sombría como revitalizadora ―dos dimensiones de pincelada gruesa con eventuales modelados 3D en stopmotion―. The Bigger Picture, es un collage inocente y honesto, quizá demasiado inocente y honesto; virtudes o maldiciones que se conjugan para brindarnos escenas de igual ternura y dureza.

Quizá el guión despache pronto y con cierta frivolidad temas tan controvertidos ―como la muerte y el conflicto fraternal― y ciertas relaciones que quedan en el cajón de los conflictos blandos, sin llegar realmente a cuajar en el desenlace. Imponente uso del stopmotion, imaginativa mezcla de estilos que deja un grato sabor a juegos acrílicos en la memoria. Y aunque Jacobs se ve desenvuelto en los recursos que utiliza, a veces se le va la mano ―elegantes y plásticas metáforas se agolpan en poco tiempo desorientando, a veces, el drama―. Por innovación en la técnica y refriegue de ojos en los momentos sensibles, se hace merecedor de encontrarse entre las filas de los elegidos.

A Single Life (Marieke Blaauw, Joris Oprins, Job Roggeveen)

Raúl Mora

Cuando uno oye la palabra Oscars piensa inmediatamente en grandeza, élite, obras de arte (aunque cualquiera que los siga un poco de cerca sabe que no siempre es así). Así que servidor espera que los cortos nominados al premio de premios de la industria sean pequeñas master pieces. No es el caso de A single life, una obrita resultona cuyo mayor mérito es transmitirte sin titubeos su mensaje en sus escasos 3 minutos. Un mensaje, eso si, bastante manido, disfruta el momento, presentado además sin ningún tipo de virtuosismo técnico.
Lo mejor que se puede decir de A single life es que es correcta pero no encuentro en él ningún elemento que le haga merecedor de considerarse uno de los 5 mejores cortos de animación de todo 2014 (y si es así, el nivel ha sido durito). Uno más bien sospecha que los académicos se miran los 5 primeros cortos que les llegan (bueno, probablemente lo hagan sus criados) y tiran con ellos. Te entretendrá, faltaría más, solo dura 3 minutos, pero lo olvidarás con la misma rapidez.

Buenas Migas (Patrick Osborne)

Jose Rodríguez Hevia

Historias como la de Feast hubieran sido ideales para hacernos pensar en los años anteriores a la crisis. Eran tiempos de consumismo, cuando parecía que la felicidad manaba del disfrute hedonista de lo material, del irrefrenable consumismo y de la experiencia más inmediata. Una filosofía que, no parece desacertado diagnosticar, es hoy responsable de una cierta mala educación de buena parte de la generación Y, criada en la abundancia como base de su realización social.

El protagonista de este corto de la factoría Disney, un perro de gula infinita, viene a recordarnos justo lo contrario: la felicidad reside en el cultivo de fuertes vínculos basados en el amor, la empatía y la generosidad. De eso se da cuenta el can cuando una joven vegetariana se entromete entre él y el dueño que le había rescatado, alimentándole compulsivamente, del hambre sufrida como perro callejero.

Y, quizás por eso, Feast sea perfecto también justamente para estos días, para advertirnos de no volver a caer en los errores del pasado; de recordarnos que, por mucha opulencia que podamos volvernos a permitir, lo esencial seguirá siendo, como sentenció aquel otro célebre cánido, invisible a los ojos.

Me and My Moulton (Torill Kove)

Fernando García de la Cruz

Desde hace mucho tiempo la animación sabe que el éxito pasa por seducir al niño grande que hay en nosotros. El envoltorio, la puesta en escena, siempre busca atrapar la atención de los más pequeños. Pero el fondo del asunto (llámalo trama, valores) es para mamá y papá. Por eso a ellos, zagales y progenitores, y a mí nos mola Hora de aventuras. La princesa del Espacio Bultos, tan globosa y morada en su apariencia como puntiaguda y disfuncional de carácter, supone el ejemplo perfecto de esta dualidad. Y qué decir del eternamente atolondrado y perturbador don Polvorón o del malvado y a la vez risible conde Limoncio. Sucede parecido con Yo y mi bicicleta, cortometraje de Torill Kove nominado al Oscar. En la Noruega de los años sesenta, trazos infantiles nos muestran la complicada visión del mundo de una niña de siete años. Sus padres son unos modernitas recalcitrantes. Y ella quiere que sean como los vecinos de abajo. Ella también quiere una bicicleta. Igual que la de los vecinos de abajo. Pero arriba todo se hace de manera muy distinta. Muy particular. Y los vecinos de abajo parecen tan felices. O a lo mejor no tanto. La niña y sus hermanas (Una, Dos y Tres) aprenden una lección de vida. Y el espectador a través de dibujos simples y bonitos (al menos agradables) recuerda algo que, como montar en bicicleta, nunca se olvida. ¿Pero verdaderamente Yo y mi bicicleta merece el Oscar? ¿No le falta humor? ¿Descaro? ¿Algo quizás intangible? ¿O es un corto perfecto? Mientras intentamos dar una respuesta coherente te propongo que veamos un capítulo de Hora de aventuras. La diversión y las risas, más que aseguradas. Porque ya lo sabes: ¡Con Jake el perro y Finn el humano lo pasareeeemos guaaaay!

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Especial Premios Óscar 2015

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