El Reino de Redonda: realidades y ficciones

Las historias que mezclan realidad y ficción merecen siempre ser contadas. La narración fundiéndose con los hechos, las leyendas con una base real, la moraleja en las fábulas… Para que la vida no sea gris y monótona, hay que seguir contando y escuchando historias, soñando, emocionándose por pequeñas cosas. Los juegos, la magia. Seguir siendo niños un poquito siempre. Todo esto mezclado de forma maravillosa es la historia medio real-medio ficticia-medio todo es un juego-pero jugamos de verdad del Reino de Redonda.

La increíble historia del Reino de Redonda

Érase una vez una pequeña isla en el Caribe. Era tan pequeña, tan pequeña, que cuando Colón la descubrió no le hizo el menor caso, aunque le dio nombre español (Santa María la Redonda) y apuntó los datos en sus cuadernos de bitácoras. Muchos años después esta isla se anexionó al imperio británico pues aún con sus escasos 2 km2 de extensión tenía mucho guano y eso es energía. Tened en cuenta a partir de ahora que casi la base de toda esta historia es que en una isla minúscula del Caribe había muchas cagarrutas de alcatraces y demás aves. Principio sublime.

Al lado de Redonda, había islas más grandes, con más consistencia y con su gente viviendo en ellas. En la isla de Monserrat había un señor llamado Matthew Shiel que sólo tenía hijas, tras 8 o 9 de ellas, tuvo un hijo varón en 1865 y se puso tan contento que compró la isla de Redonda para su hijo, Matthew Phipps Shiel (M.P. Shiel en adelante, que es como él firmaba). Él fue el primer rey de Redonda, Mateo I, título que pasaría a su hijo al cumplir éste 15 años. Hicieron una gran celebración en la isla donde fue nombrado rey Felipe I de la isla de Redonda, se cuenta que hasta acudió el obispo de Antigua. Shiel padre y primer rey estuvo pidiendo el reconocimiento del título durante años a la reina Victoria. Fue aprobado en 1880 por la Oficina Colonial Británica bajo la condición de que no se produjese ningún tipo de política opuesta a los intereses coloniales británicos. Es decir, la Reina Victoria le dejaba ostentar el título de rey de Redonda mientras quedase claro que era ficticio.

M. P. Shiel

Unos años después, M. P. Shiel, y segundo rey, viajó a Inglaterra para formarse. Se dedicó al relato sobrenatural y de ciencia-ficción. Escribió mucho, suyo, traducciones y biografías de escritores perdidos. Tuvo un protegido, Gawsworth quien había  iniciado su esplendorosa carrera literaria con cuatro obras poéticas y un relato con tan sólo diecinueve años. Tanto hablaron y compartieron en torno a la literatura que M. P. Shiel nombró a Gawsworth heredero al trono de Redonda, convirtiéndose éste en tercer rey del reino inventado, Juan I, a la muerte de Shiel en 1947. La transmisión se hizo con sendos cortes en las muñecas juntando la sangre como BFF, aunque Shiel diría que éste era un reino cuyo legado debía traspasarse a través de la letra y no de la sangre. Teniendo derecho sobre las obras de los reyes anteriores y estando obligado a perpetuar la imagen e historia del reino.

Gawsworth comenzó su carrera siendo muy prolífico y pareciendo que iba a llegar a mucho más, pero terminó sus días en la más absoluta inmundicia. Pasó sus últimos años borracho, sin sitio donde dormir ni ya amigos a los que acudir. Esto tuvo graves consecuencias para el reino, ya que lo vendía a la primera de cambio por brebajes de cualquier índole o lo prometía por un poco de pan. En una ocasión incluso llegó a poner una oferta en el periódico en la que vendía el reino por 1000 guineas. Tuvo muchos interesados, entre ellos el rey de Dinamarca, que veía la posibilidad de poseer un reino más para su legado. Cuando Gawsworth se dio cuenta de lo que había hecho, retiró la oferta alegando que no era noble ni justo para el reino venderlo saltándose los ideales literarios que él había aceptado. Esto ha hecho que ahora haya diferentes señores por el mundo que dicen poseer el reinado, porque Gawsworth se lo prometió a sus padres o se lo vendió a su abuelo. Gawsworth murió en 1970 dejando el título y los derechos de sus obra y la de Shiel a John Wynne-Tyson, otro escritor.  Éste nunca quiso el título muy en serio por lo que este hecho, sumado a los problemas con los “supuestos” reyes hizo que abdicara en 1997 a favor de Javier Marías. Xavier I.

Gawsworth

Marías había estado dos años trabajando en Oxford a principios de los ochenta. Allí se dedicó a leer y rebuscar en librerías de viejo. A buscar tesoros escondidos y bibliografías inéditas. Por aquel entonces descubrió la historia de Redonda y la vida de Gawsworth. Años después escribiría Todas las almas (1989) libro que, aun tratándose de una narración ficticia, habría pequeñas cosas en él de su vida en Oxford, de personajes conocidos y situaciones vividas. Había menos de la que se le atribuyó siempre, pero algo había. Lo único que era completamente verdad y a la vez lo que más irreal parecía, era la historia de Gawsworth y su reino.

John Wynne-Tyson, tercer rey de Redonda, Juan II, pasó por tanto el título a Marías ya que cumplía los requisitos necesarios. Era escritor y buscador de palabras y ya se había interesado por los asuntos del reino. Le traspasó el título y Marías contó cómo y por qué en Negra espalda del tiempo (1998), novela en la que cuenta qué hay de verdad exactamente en Todas las almas (1989) y mete dos o tres historias más tipo Gawsworth, que serán verdad pero parecen imposibles.

Desde que Marías ostenta el título ha hecho crecer la leyenda de este reino imaginario. Ha nombrado muchos más duques de los que ya existían. M. P. Shiel y Gawsworth ya habían nombrado a célebres literatos como Robert Louis Stevenson o Lawrence Durrell. Pero Marías ha nombrado a muchos, muchos más, no sólo literatos sino gente de la cultura en general cuya obra favorezca al inglés o al español o que en última instancia esté traducida a alguno de los dos idiomas, por ser estos los idiomas oficiales del reino. Con Marías se ha creado una amplia lista de demás cosas oficiales en un reino como: el trono, la corona, la bandera, el palacio real, la moneda e incluso el transporte público. Estos elementos han sido ideados por grandes del arte que le toca, siendo Mariscal el creador de la bandera o Frank O. Gehry el del palacio.

Marías además, se ha tomado tan en serio lo de perpetuar la imagen e historia del reino que ha creado un premio anual oficial del reino de Redonda y una editorial. El premio se elige de la siguiente forma: cada miembro de la nobleza de Redonda propone 3 personalidades para recibirlo. Y votan entre todos. La persona que recoge el premio pasa a ser Duque o Duquesa del Reino, con títulos extravagantes y divertidos. La editorial del Reino de Redonda publica sólo dos o tres títulos por año con una edición muy cuidada y una traducción perfecta. Así se publican libros, relatos y antologías de los anteriores reyes de Redonda, cumpliendo Marías su deber de perpetuar el reino y dar a conocer a sus anteriores monarcas. También se publican relatos escondidos de grandes escritores, o escritores que no fueron tan grandes pero tienen relatos maravillosos. O simplemente relatos o novelas que no existen en español.

Y hasta aquí la historia del Reino de Redonda, con sus historias lejanas de reyes reales, padres locos y alcohol, llegando con un triple salto mortal a Javier Marías, nuestro Javier Marías, tomándoselo todo tan en serio y tan a guasa como la historia pedía. No en vano el lema del reino es “Ride si sapis” (ríe si sabes).

La irrealidad de la historia y otros puntos de vista

La forma en que conocí esta historia es ya un poco de Marías, de ficciones, realidades y sentidos que no lo son.

Yo había leído el primer libro de la serie del detective Quirque El secreto de Christine (2006) de Benjamin Black por la única razón de ser éste y toda la saga detectivesca editado bajo seudónimo. Los seudónimos siempre me llaman mucho la atención y me gusta saber el por qué de sus existencia. En este caso, que un escritor de peso como John Banville escriba sobre misterios al estilo Raymond Chandler bajo el nombre de Black es como demasiado para mí. Dublín, años 50 y chicas despeinadas con guantes largos. Todo esto me pudo tanto, que leí antes a Black que a Banville. Me disponía a leer a Banville, su última novela, Aquella luz (2012), cuando en la contraportada (hay que conocer las pistas que te da un libro minutos antes de perderte en él) decía al final de una lista de halagos atrayentemente comerciales: “John Banville ha recibido el premio Redonda en 2014, premio que Javier Marías da a sus escritores favoritos”. ¿Qué Javier Marías, qué?. Hice una búsqueda rápida para ponerme en situación, al día siguiente una más lenta para asimilarlo todo. Luego leí todo lo que encontré en Internet sobre el tema, intentando buscar la verdad, o estar lo más cerca posible. También leí Todas las Almas (1989) y Negra espalda del tiempo (1998) los dos libros donde Marías había hablado del tema tangencialmente en uno, algo más en otro. Libros donde Marías había dado paso al juego, dando pinceladas de la ficción dentro de la realidad y a la inversa. Estando tan diluido y siendo tan absolutamente disfrutable, que poco importa qué es realidad y qué es ficción. Como en casi todas sus ficciones. Como en las mejores ficciones. Ni qué decir tiene que el pobre Banville sigue esperando en mi mesita de noche.

La isla existe. Éste es un hecho real, el más real, podría ser el único. Es el único punto que se puede comprobar en mapas, coordenadas, etc. Informaciones de datos fiables. Todo lo que viene a partir de aquí nos ha llegado por palabra escrita, leyendas, largas crónicas y relatos y por tanto manipuladas al dar un punto de vista por muy exacto que este sea. Para conocer esta historia de la manera menos manipulada (o inventada) posible, la idea fue conseguir toda la información que pudiera sobre ella. Todo lo que pude abarcar en primeras búsquedas venía de la mano de Marías, de su web de Redonda, web personal y artículos de El País. Lo cual era muy conveniente y llevaba a poder pensar que Marías, excelente narrador de estas ficciones, lo había inventado todo haciendo real el sueño de todo escritor de que su literatura empape su vida y la mueva a su antojo. Pero en búsquedas más profundas encontré mucha información de otras fuentes, encontré incluso las páginas de los dos señores que se proclaman reyes de Redonda (un ejemplo aquí). Eso es una maravilla. Porque aquí todos jugamos, y esta historia es divertida y cultural, y Marías el primero que se lo toma todo un poco en broma. Pero ahí fuera hay dos hombres, muy en serio, proclamando ser reyes de un reino que no existe en un lugar tan pequeño que es demasiado ridículo.

Javier Marías

Discutiendo el tema con mi padre, que es la persona que más ha leído (ficción y realidad) de todas cuantas conozco, decía que la historia tenía truco desde su comienzo absoluto. Pues la reina Victoria en su época esplendorosa nunca jamás le habría cedido un territorio a nadie, por mucho que sólo fuera de palabra o de mentirijilla. Por tanto, esa base de la historia en que la reina decía “vale, pesado, el reino es tuyo, pero todo esto es ficción” nunca habría podido existir de acuerdo a la realidad de la reina Victoria en ese momento y a todo lo que mi padre había leído sobre ella. Esto a mí me apenó un poco, ya que es la parte de la historia en que conocemos a un personaje histórico con un aspecto diferente, muestra a una reina divertida y un poco humana, en contra de todas esas historias de terror abismal que habita esta reina. Pero no por ser este primer punto irreal, la historia se desmoronaba, ya que la posibilidad de que Shiel no consiguiera lo que quería (el título formal sobre la isla) y aún así lo siguiera ostentando informalmente es perfectamente plausible. Haciendo la historia más novelesca si cabe. Además, él ya vivía en Londres y sólo quería ese título para hacer grandes cosas dentro de la literatura y nombrar a duques y demás aristocracia, y no para reinar de modo alguno sobre ese minúsculo territorio.  Por tanto este título imaginario sobre un territorio real pero un reino inventado, seguía en pie.

Que Shiel pasara el título a Gawsworth y que los dos existieran es algo que hasta lo que he podido encontrar, es real. Hay fotos, referencias y escritos. Aunque no he encontrado el documental que supuestamente la BBC hizo sobre Gawsworth en sus últimos días y consecuencias infames, sólo a Marías hablando de él, qué cosas. Pero esto lo seguiré buscando un poco siempre y así, seguiré dentro de este juego eterno.

Para mí el punto donde si fuera un invento de Marías estaría la clave es en Juan II, el albacea literario que abdicó en Marías tras saber que éste se interesaba por los asuntos del reino. Hay tan poca información de esto, prácticamente la dada por Marías, que no creo poder llegar a saber si esto realmente ocurrió. Que este señor realmente le pasara el título a Marías o que Marías conociera esta historia, y aprovechase el momento de estancamiento para hacerla suya poco importa ya. O poco me importa a mí, vaya. Marías podría haber construido una historia con elementos tan contrarios a él, un reino, a él, declarado republicano con fuerza; con un premio anual, él, que está en contra de todos los premios que le quieran dar de siempre. Así la lógica dice: “tiene que ser cierto, él no habría creado eso, está en contra”. Y es quizás esta lógica la que te hace dar la vuelta completa y verlo todo tan lógicamente real, que tiene que ser ficción.

Cuántos elementos de esta historia y hasta qué punto son reales no hace que sea menos maravillosa. Marías, con título o sin título (para mí con él, yo creo, yo compro), la ha revitalizado y ha hecho que mucha gente se ría. Y juegue. Y sueñe con un reino lejano.

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