Aprendiendo de los océanos

Nuestro planeta, ese pequeño punto azul pálido del que hablaba Carl Sagan, está cubierto mayoritariamente por agua: océanos, mares, ríos, lagos y glaciares constituyen casi el 71% de su superficie. Además de contener más del 93% del agua del planeta, los océanos albergan un número incalculable de especies y actúan como termostato de la Tierra, regulando su temperatura y permitiendo nuestra propia existencia.

La actividad humana depende también en gran medida de los océanos. Gran parte de la telecomunicación terrestre no sería posible sin una red de cableado submarino que da la vuelta al globo apoyada sobre el lecho marino. El transporte de mercancías por vía marina es el más utilizado para el comercio a nivel mundial, y la extracción de gas y petróleo de los yacimientos marinos es una actividad en crecimiento debido al progresivo agotamiento de las reservas terrestres. Por último, casi la mitad del pescado que se consume actualmente en el mundo proviene de la acuicultura, es decir, de la crianza de especies animales y vegetales en medios acuáticos.

Por todo esto y mucho más, no solo es interesante sino necesario aumentar nuestro conocimiento sobre los océanos, para hacer un mejor uso de ellos y poder así preservarlos lo mejor posible.

A pesar de todo esto, hay quien afirma que se conoce mejor la superficie de Marte que las profundidades de nuestros océanos. Y efectivamente, se sabe más bien poco de algunos de los lugares más inhóspitos del planeta, donde habitan animales de aspecto monstruoso y extrañas características, y resulta extremadamente difícil recolectar datos en los fondos marinos, cuyas profundidades pueden llegar a superar en varios kilómetros la altura del monte Everest. Pero no solo las enormes profundidades hacen de los océanos un mundo aún poco explorado, sino también su vastedad y los retos tecnológicos que acarrea cualquier inmersión, como aguantar altas presiones y un gran dinamismo (corrientes, olas) o combatir la dañina bioincrustación de microorganismos sobre los instrumentos.

La Plataforma Oceánica de Canarias

Con el objetivo de poder estudiar y aprovechar los océanos más a fondo, se fundó en 2008 la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN). Se trata de una infraestructura científica tecnológica singular (ICTS) marina, como también lo son la flota de buques de investigación del Instituto Español de Oceanografía y las dos bases españolas de la Antártida. Financiada al 50% entre el Gobierno de España y la Comunidad de Canarias, sus instalaciones se encuentran en el puerto de Taliarte, en la isla de Gran Canaria.

La joya de la corona de PLOCAN, aún en fase de construcción, será una plataforma física de 1000 metros cuadrados ubicada a 2 kilómetros de la costa. Esta plataforma flotante se apoyará sobre el lecho marino, a 30 metros de profundidad, y servirá de torre de control, terminal marítima y base de operaciones para el estudio del océano. Se espera que su construcción finalice este mismo año.

Representación del aspecto que tendrá la plataforma flotante de PLOCAN una vez terminada. (Crédito: PLOCAN)

Representación del aspecto que tendrá la plataforma flotante de PLOCAN una vez terminada. (Crédito: PLOCAN)

Además de la plataforma física, PLOCAN cuenta también con un área marina de 22 kilómetros cuadrados, consagrada exclusivamente al ensayo de vehículos, maquinaria y dispositivos marinos. Se trata de un banco de ensayos de características únicas.

Investigación, tecnología y divulgación marina

Los tres objetivos principales que persigue PLOCAN son los de servir de observatorio oceanográfico, banco de ensayos y base de vehículos e instrumentación. Debido a sus características, PLOCAN ofrece un espacio singular para la observación y estudio del océano. Forma parte, entre otros, del proyecto FixO3 (Fixed-Point Open Ocean Observatories), una red que integra a observatorios oceanográficos de toda Europa.

Dentro de esta red, se trata del observatorio marino más austral, lo que le confiere un carácter único. Uno de los usos más importantes de sus instalaciones es el de realizar investigación científica básica, como la recolección sistemática de datos oceanográficos que sirvan para modelar y predecir el cambio climático. Cuando la plataforma física esté terminada, será posible hacer estudios tanto a nivel de la costa como en el océano Atlántico más lejano, utilizando la plataforma como terminal para los vehículos marinos especializados.

Una boya resulta varada durante la realización de un experimento en el banco de ensayos de la Plataforma Oceánica de Canarias. (Foto: Juan Fco. Marrero-Flickr)

Una boya resulta varada durante la realización de un experimento en el banco de ensayos de la Plataforma Oceánica de Canarias. (Foto: Juan Fco. Marrero-Flickr)

El segundo objetivo de PLOCAN es ofrecer sus instalaciones como banco de ensayos para todo tipo de dispositivos, maquinaria y vehículos acuáticos. Además de la plataforma flotante y el área de ensayos, PLOCAN cuenta también con una red de cableado submarino y proporciona suministro eléctrico. De esta manera, las empresas tecnológicas pueden probar sus instrumentos en alta mar reduciendo considerablemente el tiempo de obtención de permisos y los costes. Si todo sale bien, les resultará más fácil encontrar financiación posterior para seguir con los proyectos.

La idea es que, a la larga, la innovación e investigación científica repercuta también en avances para la sociedad. Algunos de los instrumentos que ya han sido probados en las instalaciones de PLOCAN son turbinas eólicas flotantes o dispositivos para generar electricidad a partir de las olas del mar.

Por último, la plataforma flotante de PLOCAN servirá como base de vehículos marinos para poder conectar tierra y mar. Actualmente ya se está realizando investigación en ese campo para tratar de mejorar la comunicación tierra-mar con diseños más eficientes. De hecho, uno de los muchos proyectos en los que participa PLOCAN es GROOM (Gliders for Research, Ocean Observation & Management), dedicado al desarrollo y uso de planeadores submarinos, pequeños vehículos remotos infinitamente más baratos que los buques y que sirven para recolectar datos oceanográficos con mucha más eficiencia.

La última faceta de PLOCAN, también esencial, es la de la divulgación. Desde 2011, organiza cada año la escuela Glider, que, como su nombre indica, sumerge a estudiantes de todo el planeta en el fascinante mundo de estos vehículos acuáticos. Otro de sus proyectos de divulgación es el taller de robótica submarina, que intenta despertar en las aulas de secundaria la pasión por la ingeniería y la oceanografía.

A pesar de la inmensidad de los océanos y de lo complejo que resulta estudiarlos, proyectos como PLOCAN nos permiten acercarnos un poco más a ellos y entenderlos mejor. En su día fueron el origen de la vida en la tierra, y hoy pueden brindarnos los conocimientos y recursos para mejorar nuestras vidas con tecnología puntera. De nosotros depende saber aprovechar también estos conocimientos para preservar el delicado planeta azul en el que vivimos.

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Foto de portada: Océano

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