Entrevista completa a Lara Hernández

Retratos. Lara Hernández: “No vamos a permitir que nuestra gente no forme parte del cambio”

Hace justo un año te entrevistaba Eduardo Muriel para La Marea y te pedía que te definieras a ti misma para quien no te conociera. De la descripción que hiciste entonces a la que harías ahora, ¿qué ha cambiado?

Han cambiado muchas cosas. Ha sido un año muy intenso, pero creo que solo ha cambiado la forma. En la esencia sigo siendo la misma persona que se presentó en aquella entrevista con La Marea. Me considero una mujer joven que, como tantos otros jóvenes, he tenido que emigrar, exiliarme económicamente. Soy una persona activista y entregada a la política, lo que ha cambiado es la forma en la que me dedico a ella. Se ha sistematizado de alguna forma y ahora ocupo una responsabilidad en el seno de Izquierda Unida federal. Me encargo de la convergencia, pero mi militancia, mi activismo y mis ganas de transformar las cosas en colectivo no han cambiado.

En ese momento, te presentabas como parte de la Marea Granate. ¿En qué situación se encuentra el movimiento de los emigrantes actualmente?

El movimiento de la Marea Granate se ha ido reforzando con el tiempo. Cuando yo empecé a trabajar en este ámbito en Berlín, hace dos años ya, el movimiento estaba naciendo. Era un movimiento incipiente, había una voluntad de organizarse y muchas ganas de trabajar y buscar soluciones en colectivo a problemas individuales y, con el paso del tiempo, esa voluntad se ha convertido en organización. Hoy, podemos hablar de una red de nodos que se organizan, a nivel internacional, en las principales ciudades –principalmente del entorno europeo-, que tiene mucha coherencia, mucha cohesión, mucha coordinación y que ha logrado que las reivindicaciones de las personas jóvenes obligadas a buscarse la vida fuera sean ya un elemento fundamental de la agenda política en España.

Ayer apareció un vídeo en el diario británico Daily Mirror en el que se veía a dos jóvenes españoles insultados y golpeados por ciudadanos ingleses, que les espetaban insultos xenófobos. ¿Crees que es un fenómeno puntual o se han observado más situaciones de este tipo en otras ocasiones?

En el caso contrario, en el contexto del estado español, con la fuerte presencia de población inmigrante, es cierto que no se ha producido un amplio movimiento xenófobo. Las causas pueden ser varias, pero sí es cierto que los efectos que hemos visto en otros países de Europa, en España no los hemos vivido con tanta virulencia, más allá de casos puntuales.

Por introducir el elemento político que quizás pueda explicar esto, en Alemania, donde yo he residido dos años, la historia estricta del propio país y de la forma de entender la política han dado lugar a un componente muy alto de neonazismo. Existe un fascismo que sí se puede percibir en algunas zonas de Alemania, en la calle.

En España, esta ruptura del bipartidismo que se evidencia en las elecciones europeas del año pasado se produce por la izquierda, con respecto a países como Francia, Alemania u Holanda. En Francia tenemos el ejemplo de Le Pen, en Alemania el partido neonazi adquiere un escaño en el Parlamento Europeo, el ascenso de la extrema derecha en Holanda, Amanecer Dorado en Grecia. Esto en España no pasa, el bipartidismo se rompe por la izquierda y yo creo que la explicación clara de este fenómeno se da en las calles: en el 15-M como un momento de inflexión político y social que tiene lugar en las plazas y que determina que el marco que venimos manejando sociológica y políticamente se instale en la izquierda.

¿Ha observado la Marea Granate más casos como el que mostraba el Daily Mirror o nos hemos librados de este tipo de situaciones hasta el momento?

No nos hemos librado y no nos vamos a librar, porque la figura del inmigrante -en Alemania, en Italia o en España- es siempre la que aglutina todos los males que la sociedad sufre en un determinado momento y los canaliza: “Habéis venido a robarnos el trabajo, nuestro pan, nuestro techo…” Esto no solo pasa en España, pasa en muchos otros lugares.

En el caso de Alemania, que es el que yo más conozco, se produce una forma de racismo institucional. No es un racismo tan presente en las calles, como una discriminación que se produce de facto por parte de las instituciones hacia lo que ellos llaman la inmigración pobre, que proviene fundamentalmente de los países del sur de Europa. Uno de los ejemplos muy concretos de esta situación fue el caso de Érfurt. Allí, ciento y pico españoles se quedaron atrapados porque recibieron una falsa llamada de puestos de empleo en estricta connivencia con la ministra de Trabajo. Esa falsa llamada de trabajo hizo que esos jóvenes fueran a Alemania y se encontraran con la realidad.

El gremio de los enfermeros es otro de los sectores que también sufre este racismo institucional, al quedar atrapado por ofertas de empleo que no se corresponden con la realidad laboral que se encuentran cuando pisan suelo alemán.

En la Marea Granate hablabais del derecho a volver. Más allá de una mejora en la situación macroeconómica o un descenso en los niveles de desempleo, ¿qué actuaciones políticas se pueden llevar a cabo para intentar retornar a esa gente que se ha visto obligada a marcharse?

Yo creo que son medidas que afectan al conjunto de la población juvenil del estado español. Tampoco nos hagamos trampas al solitario, porque no estamos hablando de un plan de retorno para emigrantes o exiliados políticos de la primera ola, fruto de la dictadura franquista. No estamos hablando de un plan de ese estilo.

Estamos hablando de gente a la que no se le está ofreciendo una oportunidad material de acceder a un puesto de empleo de calidad, estable, con lo que ello conlleva, que es desplegar un proyecto de vida. Una medida muy concreta, por aterrizar, sería derogar las reformas laborales tanto del Partido Popular como del Partido Socialista. Reformas laborales que han cristalizado, negro sobre blanco, en la ley, una situación de precariedad crónica que ha vivido la juventud española incluso en los años de bonanza del Partido Popular. No es que sea una situación que haya estallado única y exclusivamente a causa de la crisis económica de 2008. La situación precaria de la juventud en España es estructural y requiere, por lo tanto, de medidas estructurales que solucionen ese problema.

Más allá de esas derogaciones, ¿qué otras medidas podrían llevarse a cabo?

Una de ellas es, por ejemplo, la nacionalización de sectores estratégicos que siempre han estado en manos del Estado, como puede ser la energía, las telecomunicaciones o el agua –como en el caso de Madrid-. Es decir, una serie de sectores que siempre han sido de ámbito público y que han posibilitado generar empleo de calidad y estable.

Esa es otra de las medidas que deberían tomarse para incentivar la creación de empleo para una población que está siendo desplazada, que no está siendo absorbida por el mercado laboral. Es importante situar el debate ahí porque, a lo que estamos asistiendo, al margen del discurso oficial por parte fundamentalmente del gobierno y de su partido, es a que ya no podemos movernos en los criterios de paro-empleo, trabajo-desempleo. Eso ya no existe. Se está creando un nuevo tipo de criterio que es la subocupación.

Trabajadores pobres.

Trabajadores pobres. Los working poor que tanto se han utilizado y que ahora vemos en nuestro entorno: gente joven que va acumulando contratos de una hora a lo largo de toda una semana. Este tipo de empleos, totalmente precarios, generan frustración y la imposibilidad de poner en marcha todo un proyecto de vida que incluye cuestiones tan sencillas como pan, trabajo y techo. No estamos hablando de la luna.

Sin embargo, parece que, en el sistema político actual, por lo menos desde las posiciones asentadas, proponer algo como esto es ser un bolivariano. Lo que teníamos hace cuatro días es hoy una cuestión revolucionaria.

Manolo Monereo habla muchas veces de que, hoy en día, ser reformista es ser revolucionario, porque los marcos que se nos imponen desde la Unión Europea y, después, desde los estados miembro -que trabajan al servicio de Bruselas y de Berlín- son totalmente limitados. Un ejemplo claro de ello fue el artículo 135 de la Constitución. Una reforma que se produce con nocturnidad y alevosía, en verano, deprisa y corriendo, y que representa simbólicamente un límite que ningún gobierno, sea del color que sea, podrá superar. Como todos sabemos, cualquier superávit que se produzca va a ir a pagar la deuda y sus intereses y no al gasto social, a sanidad, a educación o a generar empleo estable. En ese sentido, claro, se nos acusa de antisistema. Pues sí, es que el sistema es antinosotros y nosotras.

¿Existen cifras de la emigración española que se ha producido durante estos años? Y, por otro lado, ¿se está estudiando el coste que eso tiene para la sociedad y para la economía, incluso en términos de inversión en educación que no redunda en el país?

Yo no sé si se ha producido algún tipo de estudio macroeconómico sobre la pérdida que se está produciendo por el hecho de que miles de personas jóvenes se estén marchando a trabajar fuera. Lo que sí sé es que toda una generación, la de nuestros padres, que pasó de cuidar a nuestros abuelos a cuidarnos a nosotros, a sus hijos e hijas, está viendo que toda esa inversión de tiempo y de dinero que se hizo en nuestra generación está siendo totalmente revertida en el exterior para convertirse en mano de obra barata. No es que se esté produciendo esta fuga de cerebros, como la plantean los dos partidos mayoritarios. No ocupamos empleos de alto standing. Nos vamos a limpiar baños, a fregar platos y a convertirnos en becarios precarios.

Las cifras son un tema importante. Cifras existen, pero no son la versión oficial que se nos traslada. El gobierno, a través del Instituto Nacional de Estadística, recibe el número de personas que se dan de alta y de baja en el padrón en los consulados y las embajadas de los distintos países. El INE recibe estos datos, tiene que limpiarlos, y estos son los que se trasladan al conjunto de la población. El problema es que el perfil del migrante está cambiando porque hay una flexibilidad máxima. La gente ya no va al país de destino y se inscribe en el consulado o en la embajada, porque además pierde una serie de derechos, como el derecho a votar en las elecciones municipales de la ciudad de origen o se te imponen una serie de pasos burocráticos muy complicados. También se pierde el derecho a la tarjeta sanitaria europea. Hay una serie de inconvenientes a valorar.

Esto demuestra que el perfil del migrante está cambiando. El que se va, no se va para quedarse, sino que se va de forma temporal y por una coyuntura concreta, fruto de una situación de emergencia social y económica que se da en España. Por lo tanto, el gobierno no está trasladando las cifras oficiales de la gente que se va. En primer lugar, porque eso movilizaría a que más gente se fuera y porque la estrategia del gobierno es muy clara: trasladar una imagen positiva de la emigración.

Españoles por el mundo.

Efectivamente, Españoles por el mundo, la movilidad exterior, decir que elevamos el prestigio de la Marca España una vez que nos vamos. Estas consignas que se trasladan a la sociedad intentan dar una visión positiva de la emigración, ocultando las cifras reales de las personas que se van.

Y que aquí baje el nivel de paro.

El argumento te lleva a esa conclusión de una forma muy lógica. Cualquiera entiende que, si yo oculto quienes no están, las cifras de paro serán más bajas, lo que me permite iniciar desde ya la campaña a las elecciones generales de noviembre de 2015.

Tú, que has vivido en la capital de la Troika y que has estado en Atenas presenciando la victoria de Syriza, ¿crees que se abre una nueva etapa, que hay un horizonte de oportunidad para Europa?

Sí, yo estoy convencida de que Grecia es el primer paso. Es la constatación de que la izquierda alternativa al régimen tiene programas que no son solo programas de oposición. Son programas de gobierno: viables, reales, con propuestas concretas y capaces de ofrecer y garantizar una vida mejor. De ofrecer una vida feliz a la gente.

En ese sentido, creo que hay una ola de cambio que recorre Europa, como un fantasma. En España podríamos hablar largo y tendido a propósito de esto, del papel del 15-M, de la izquierda social, de la izquierda sindical pero, sin lugar a dudas, el 2015 es un año muy importante para nuestras vidas porque no solo se juntan cuatro periodos electorales –andaluzas, municipales y autonómicas, posiblemente catalanas y generales-, sino que es también la oportunidad de que toda esta movilización social y sindical que venimos viviendo se convierta, de algún modo, en una toma real del poder institucional.

Durante el último año, a partir de las elecciones europeas, se ha producido un descenso en esa movilización social en las calles. ¿Crees que la gente siente que se encuentra en un momento de delegar responsabilidades sobre sus representantes más que en asumir su protagonismo en la calle?

No, yo creo que eso no se corresponde con el momento actual. En la campaña de las elecciones europeas, desde Izquierda Unida ya decíamos que no valía con prometer a la gente que fuera a votar, que depositara la papeleta en la urna, volviera a casa y se sentara en el sillón, esperando a que una clase política le fuera a representar. Eso que venimos teorizando se ve que hoy en día ha calado en todos los rincones de este país. La gente quiere hacer política, formar parte de la toma de decisiones colectiva y, además, quiere ser agente y protagonista del cambio.

En España asistimos en estos momentos a una explosión de procesos de confluencia y de convergencia que se están diseminando por todo el mapa geográfico y político del país que no son más que la muestra de un empoderamiento ciudadano. Más allá que triunfen o no, de que cristalicen o no cristalicen -que yo creo que sí, porque soy optimista a ese respecto-, lo que nos están demostrando es que, en las principales ciudades de este país, en torno a estos proyectos de construcción de candidaturas ciudadanas, se está generando una ola de ilusión y de cambio que demuestra que la ciudadanía se está empoderando. Eso hay que ponerlo en valor. Nosotras y nosotros, las fuerzas políticas, los partidos de izquierdas rupturistas y transformadores tenemos que ser herramientas que estén al servicio de la gente, de la ciudadanía y que, en definitiva, nos pongamos a sus órdenes.

Volviendo al tema de Europa, hemos visto estos días las negociaciones de Europa con el gobierno griego. ¿Qué salida le queda a Atenas ante la situación que le ha planteado el resto del Eurogrupo en bloque?

Creo que todavía es pronto para determinar qué va a pasar. Evidentemente, la andadura del gobierno griego no ha hecho más que comenzar, pero sí creo que Syriza y las actuaciones del gobierno griego, fundamentalmente en materia económica, en relación a esas negociaciones, demuestran que es posible que la soberanía vuelva a su lugar de origen, al pueblo. La soberanía tiene que volver, en los distintos países, al pueblo. En el caso de Grecia, me hace un poco de gracia porque, cuando estábamos allí, comentábamos que por fin la democracia volvía al lugar donde nació. Yo creo que esa es la línea que está mostrando el pueblo griego. En el contexto de la Unión Europea y, en concreto, de la periferia sudeuropea, hemos entregado nuestra soberanía a la Troika. Somos una región de Europa, un protectorado. Esta es la Europa de los mercaderes, que decía Julio Anguita.

En los años noventa, en Izquierda Unida ya lo dijimos, oponiéndonos al tratado de Maastricht. Se sabía, se intuía, si éramos capaces de leer el momento político -y en ese momento lo fuimos-, que la construcción de este modelo de UE solo podía llevarnos a la situación a la que se ha visto abocada Grecia, con tasas de paro general alucinantes, con tasas de paro juvenil entre los primeros puestos de la Unión Europea… Y es exactamente la misma o, desde luego, muy parecida, a la que tenemos en España.

Pero, metiéndote un poco el dedo en la llaga, si estas negociaciones no dan lugar a un acuerdo, ¿qué podría hacer un gobierno como el griego o un gobierno de signo distinto en España ante la negativa de los socios europeos?

Yo doy por hecho que no se va a producir esa negativa en las negociaciones. Sería una total violación de los marcos democráticos y un secuestro de la democracia del pueblo griego que, en las urnas, ha decidido legítimamente dotarse de este gobierno y, por tanto, de su programa. Cualquier negativa del Eurogrupo sería un bloqueo, un ataque sistemático a esta situación.

Ahora, yo creo, y no soy ninguna experta en el tema, que llevado hasta el final y hasta el fondo, podría plantearse la salida del Euro de Grecia y la posible consecuente salida de la Unión Europea por parte de este país. No sé si esto nos interesa. Creo que no le interesa ni a la Unión Europea, ni a Angela Merkel, ni a la Troika generar esa situación que puede sentar precedente con respecto a la ola de cambio que es evidente que va a inundar todos los países sudeuropeos. Porque, el primer paso ha sido Grecia, pero en España nos enfrentamos a un ciclo electoral fundamental y podríamos asistir a una descomposición de lo que hoy entendemos como Unión Europea y no sé hasta qué punto interesa algo así.

Tú qué has estado en Alemania, ¿cómo se ve a los países del Sur de Europa desde allí tanto en la sociedad, los medios de comunicación o la clase política?

Yo distingo a la población alemana, la clase trabajadora alemana que sufre la crisis exactamente como nosotros. En clave distinta, porque la coyuntura es distinta, pero sufre la crisis en los mismos términos que nosotros y están explotados de la misma manera. Quizá de una forma más tolerable, pero también sufren la explotación. Distingo a esa clase trabajadora alemana de los medios de comunicación que trabajan en estricta connivencia con el poder económico y el poder político alemán.

En ese lado del Misisipi, sí creo que hay una voluntad de construir esa Europa fortaleza que cierre las puertas, primero de una forma administrativa, a los inmigrantes de los distintos países a través de distintas legislaciones que hemos venido viendo a lo largo de este periodo y, en segundo lugar, difundiendo una imagen de la persona migrante como de una persona culpable de todos los males de la sociedad.

En las elecciones europeas, tú ibas en el número 10 de la candidatura de Izquierda Unida. Si Podemos no hubiera existido, quizá ahora serías eurodiputada. ¿Por qué no supo capitalizar IU ese descontento hacia la clase política del bipartidismo?

Izquierda Unida llevó a cabo un intento de refundación, de capitalizar esas voces que, en cierto sentido, sí salió adelante pero, en último término, se frustró por varias razones. Primero por cuestiones internas y quizá también por no saber traducir nuestro discurso en consignas para las mayorías sociales. Creo que ese ha sido el elemento fundamental que ha bloqueado que se lograse canalizar ese protagonismo político de ese sector generacional y poblacional que se identificó con el 15-M en las plazas. No se ha sabido aglutinarlo en torno al proyecto de Izquierda Unida.

Ahora bien, lo que las elecciones europeas pusieron de manifiesto es que las fuerzas de izquierda alternativa al régimen han tenido un ascenso frente al bipartidisimo. Por primera vez en la historia de la democracia, el Partido Popular y el Partido Socialista no han sumado el 50% de los votos, lo que demuestra que el 25 de mayo se abre un ciclo, en términos electorales. Una ventana de oportunidad que hay que aprovechar.

Esta ventana de oportunidad, en la situación actual, supongo que será preocupante para el partido, por lo que se ve en las encuestas. Parece que IU vuelve a enfrentarse al “voto útil” de la época de Llamazares. ¿Cómo se puede enfrentar el hecho de que Podemos pueda llevarse una parte importante del electorado que podría votar a IU?

No te voy a engañar, no considero que los políticos debamos tener ese discurso de doble rasero. No me parece sano y creo que es parte de otra forma de hacer y de entender la política. Yo no me siento identificada con eso y no voy a seguir ese camino. Por lo tanto, es evidente que hay una situación difícil para nuestra fuerza política hoy por hoy, lo que no quiere decir que no haya una voluntad de poner en marcha una nueva Izquierda Unida, un nuevo proyecto político que entendemos que tiene que estar situado desde la perspectiva de una fuerza política de izquierdas, con un proyecto nítido de izquierdas. Una fuerza política organizada que tiene una voluntad de iniciar un proyecto de construcción de un nuevo país. Esa es la voluntad.

Muchas veces, cuando estás al borde del precipicio, se marcan los puntos de inflexión. Puedes llegar a tocar fondo y quedarte ahí o aprovecharlo para tomar impulso y salir hacia arriba. No quiero decir, ni mucho menos, que IU esté tocando fondo, porque –ojocuidao– vivimos en la época de las encuestas. Cada día vemos un resultado distinto y en esta fuerza política estamos muy acostumbradas y acostumbrados a las montañas rusas. Nosotros sabemos lo que es sobrevivir con un diputado en el Congreso y eso es gracias también a la fuerza de los ayuntamientos, del municipalismo.

Las encuestas nunca son una foto fija de una situación, de un partido, pero sí que muestran tendencias de fondo. Son elementos con los que hay que trabajar. Las encuestas están ahí, son indicadores de tendencias de fondo, de cambios, pero nosotros tenemos que seguir hacia adelante con nuestro proyecto político, con nuestro programa y con nuestra gente, que es la que está lanzada y trabajando en la calle día a día, noche tras noche. Debemos mirar hacia adelante y situar a esta fuerza política en la oportunidad de ser partícipe en el cambio histórico que vamos a vivir.

El otro día, un amigo, sobre el tema Izquierda Unida-Podemos, me decía que es como si mañana juega el Real Madrid contra el  Burgos. Yo puedo ser del Burgos de toda la vida, ser socio y tener la bufanda encima de la cama, pero si tengo que apostar cien euros en ese partido, igual los apuesto al Real Madrid. ¿Qué se le dice a ese votante?

Ese es un tema para el que ni yo misma tengo la respuesta. El voto le pertenece al votante exclusivamente. Creo que nosotros y nosotras tenemos que hacer un ejercicio de humildad y de modestia. Es evidente que ofrecemos un proyecto político, ofrecemos un programa y una alternativa de cambio. Quien entienda que es una vía para participar, ahí está.

Creo que va a ser la primera vez que un político me diga que no va a intentar convencer a un votante de que lo vote a él.

Es que eso es lo que hacen el Partido Popular y el Partido Socialista. Ellos tendrán sus propias técnicas de marketing. Nosotros no hacemos marketing, nosotros tenemos un proyecto político consolidado por la historia de la propia organización que, además, ya tiene muchos años de vida. Yo no tengo que hacer un ejercicio de marketing político y de convencer a la gente de cómo tiene que dirigir su voto.

Sí, pero entre Podemos e Izquierda Unida…

Hay diferencias.

¿Cuáles son?

Hay diferencias notables. No somos enemigos, ni mucho menos, como la derecha intenta vender. Para mí, el enemigo clarísimo, el enemigo de clase, es la derecha. Pero, sin lugar a dudas, hay diferencias básicas. Por ejemplo, a nosotros no nos gusta hablar de casta. Podemos articula un discurso muy focalizado en una clase política estructuralmente corrupta en este país. Nosotros situamos otro de los elementos fundamentales de nuestro discurso en el poder de la oligarquía financiera. Por supuesto que queremos hablar de los políticos corruptos, de esa clase política que sí es casta. Pero es que también hay un agente corruptor, que es el que está por detrás. Para que nos entendamos, el que pone el sobre. También hay que hablar del IBEX 35, de ese poder de la oligarquía financiera que cada vez es más pequeño pero cada vez tiene más poder. Ese poder es el que está marcando los ritmos y los tiempos de este país. Hay que hablar también de esa clase dominante a cuyos intereses están subordinados los intereses de las mayorías sociales.

Otro de los valores que nosotros tenemos claro, que es la clave del programa, es la importancia de acudir a unas elecciones municipales trabajando en todos los ayuntamientos. En todos y cada uno de los municipios en los que estamos, no estamos o estaremos presentes, esta fuerza política, con cada uno de sus militantes está presente, haciendo un trabajo de base con la gente y por la gente. Esto nos parece un elemento fundamental: el municipalismo.

Otro elemento programático muy importante para nosotros es el valor que tiene el feminismo, la lucha de las mujeres, las victorias que se han logrado este año fruto de la movilización social, como haber echado a un ministro de su asiento o haber tirado para atrás una ley de la reforma del aborto. Nuestro trabajo con activistas sociales en materia LGTBI es otro de los elementos muy importantes, que es bandera y signo de identidad de esta fuerza política.

Todo esto se resume en un elemento fundamental que son las calles, la lucha social, en la que nosotros hemos estado. Hemos trabajado con los movimientos sociales siempre, impulsando movilizaciones sociales. Desde las marchas de la dignidad a anteriormente. Estuvimos en las plazas con el 15-M o con las mareas ciudadanas. Seguiremos estando en las fechas de movilización que salgan este año y para nosotros es fundamental tener claro que no puede haber un cambio político del país si no va acompañado de la movilización constante y sostenida de la gente en las calles.

Hablabas antes de presentar un programa nítido y reconocido por uno mismo como de izquierdas. Hasta hace poco, en España  los únicos partidos que no se sentían cómodos en el eje derecha-izquierda eran los de derecha. Sin embargo, parece que Podemos ha entrado en ese juego, ¿por qué?

Eso se lo tendrías que preguntar a ellos. Pero, desde mi opinión personal, creo que Podemos ha diagnosticado que el eje de derecha-izquierda no es que no opere en la realidad, sino que es un eje perdedor. Un eje en el que se pierde la batalla. Por eso está desplazando el discurso hacia otro lado, hacia un eje entre democracia y despotismo, como dicen algunos de ellos y ellas. Esa es una estrategia, una forma de dibujar el escenario como otra cualquiera. Cada uno tiene un modo de dibujar la estrategia que quiera. Me parece totalmente legítima y, además, compartida, en cierto sentido, por Izquierda Unida.

Pero, más allá de que se haya producido un desplazamiento de los ejes –arriba/abajo, derecha/izquierda o democracia/despotismo-, estamos viviendo una crisis de régimen en toda regla. Del régimen del 78, concretamente. El “todo atado y bien atado” del dictador que la Transición apuntaló se tradujo en un bienestar material -una explotación tolerable-, que ha condicionado la vida de las mayorías sociales en los últimos años y ha garantizado la construcción de un consenso de abajo hacia arriba, de las capas populares hacia el régimen. La crisis económica que se inicia en 2008 pone un punto y final a este bienestar material. Esa crisis se traduce en una crisis ideológica, una crisis política, una crisis de régimen. Por eso decimos que estamos en una crisis orgánica, no coyuntural. Es posible aquí y ahora iniciar un cambio que sirva como regeneración democrática en términos totales, con la puesta en marcha de un proceso constituyente, de espacios de diálogo, de encuentro, entre las distintas fuerzas políticas, agentes sociales y personas anónimas que quieran poner en marcha un nuevo proyecto de país.

Eres responsable de convergencia dentro de IU federal, ¿qué es más difícil, traer a los emigrantes de vuelta a España o la unidad de la izquierda?

[Risas] Es una buena pregunta. Me sale decirte que la unidad de la izquierda, pero creo que es un tema complejo. Hay un camino que se ha empezado a recorrer y que está avanzado en ciertos sitios del mapa y puede fructificar en algo interesante. Hace un año era impensable ver lo que estamos viendo hoy: procesos de confluencia y de candidaturas por la unidad popular en todo el territorio. Podemos valorarlas de una forma o de otra y opinar sobre ellas, pero es una realidad que no podemos eludir.

Además, la política en mayúsculas, de lo que se tiene de encargar es de abordar la realidad y de encontrar soluciones a medio y a largo plazo para los problemas de la gente. Hoy, los procesos de convergencia, o de confluencia –que si me oyen en Cataluña, se asustan- son la constatación de que nos hemos dado cuenta de que, trabajando en lo concreto, es mucho más lo que nos une que lo que nos diferencia. El neoliberalismo ha logrado que un grupo de gente –rojos, verdes, amarillos, anarkas, 15-M, partidos políticos…- nos pongamos a trabajar en torno a las mismas contradicciones. Eso es lo que ha logrado el neoliberalismo y en ese marco es en el que se entiende la unidad de la izquierda como unidad popular.

Aun así, supongo que dentro de tu trabajo como responsable de convergencia, te estás encontrando resistencias dentro del partido que, en algunos casos, han llegado a estallar. ¿Por qué se producen esas resistencias?

El análisis es muy sencillo: hay miedo. Estamos en un momento, en todos los aspectos, en el que, como diría Gramsci, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. El miedo, por definición, es conservador. Tiende a mantener y amarrar posiciones conservadoras y nos mantiene en ese ejercicio de resistencia frente a lo nuevo y de un cierto ser estático en lo viejo. Pero esas resistencias, que se pueden traducir en dificultades de muchos tipos, no tienen que hacernos perder el norte. Estamos aquí para superar esas dificultades, para saltar por encima de esas resistencias que no deben hacernos olvidar cuáles son los objetivos políticos.

Una situación en la que esos objetivos o ese norte se ha perdido ha sido aquí en Madrid. Tú, en la campaña de las primarias apoyaste la candidatura de Tania Sánchez y Mauricio Valiente, ¿cómo valoras la salida de Sánchez?

La valoro con pena. Sin lugar a dudas, Tania Sánchez era y es un valor, un agente importante del cambio en este país. No voy a eludir que hay un marco complicado en la situación de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid y Tania ha sido una víctima, también, de las disputas que se han dado en el seno interno de esa organización. Fruto de ello es su salida.

Pero, al margen de eso, hay mucha gente muy valiosa que está dentro de la organización. Muchas veces, aunque la pregunta vaya en la dirección de Tania, también tenemos que enfrentarlo desde el punto de vista positivo. Hay un proyecto de cambio dentro de Izquierda Unida Comunidad de Madrid que pretende precisamente poner en marcha el proyecto de Izquierda Unida en su esencia: un proyecto de cambio, alternativo, rupturista, que pretende ofrecer una alternativa al régimen. Esa gente es la que está trabajando día y noche por situar a IUCM en una posición de vanguardia, para montar a nuestra gente en este tren que está pasando por delante y que tiene como objetivo devolver la Comunidad de Madrid a su gente, a sus vecinos y vecinas.

Y en ese objetivo, ¿cómo va a conseguir Izquierda Unida recuperar la imagen que se ha dañado con esa salida?

La historia es, también, como uno la escribe. Se ha dañado la imagen, en cierto sentido, también por los relatos que se han ido construyendo.

Que se te vaya la candidata elegida en primarias a tres meses de las elecciones, es un daño de imagen. No se puede negar.

Es innegable, por supuesto. Lo que quiero decir es que, evidentemente, eso ha ocurrido, pero hay que seguir hacia adelante. Tampoco nos podemos quedar estancados en el daño de la imagen, porque no es un daño irreparable. Estamos en unos tiempos aceleradísimos. El 24 de mayo tenemos unas elecciones municipales y autonómicas. A finales de marzo tiene que estar todo atado y bien atado.

Además, no solo los tiempos se están comprimiendo. En el último periodo político, lo que antes pasaba en siete años hoy pasa en siete días. Hay una aceleración del tiempo material y una aceleración del tiempo político, lo que genera una situación en la que hay que acelerar al máximo posible y seguir trabajando con la militancia y apoyando a toda la gente que está volcada en los procesos de Ganemos Madrid, en la ciudad. A nivel autonómico hay que ver qué es lo que pasa, pero hay que seguir trabajando en la línea y en la hoja de ruta que nos habíamos marcado desde el inicio e intentar que el 24 de mayo haya una candidatura ganadora que devuelva Madrid a su gente.

Pensando en esa candidatura ganadora. ¿Izquierda Unida puede formar parte de un proceso de confluencia a nivel de Comunidad Autónoma o es un tren que ya ha pasado y no se va a poder volver a coger?

Yo no creo que haya pasado todavía ningún tren. Estamos en la estación esperando a que venga. Lo que pasa es que, si antes ponía que llegaba en cinco minutos, ahora pone diez. Hay que ver qué pasa. No sé decirte.

En cualquier caso, en el marco de Madrid ciudad, sí que hay un proyecto de Ganemos Madrid en el que venimos trabajando desde verano, cuando se puso en marcha. Nuestro candidato a la alcaldía, Mauricio Valiente, ha trabajado ahí desde el minuto cero, con más compañeros y compañeras que están trabajando con más activistas de los movimientos sociales, personas y partidos como Equo y Podemos. Hay un proyecto complejo en sí mismo, porque cualquier proceso de estas características es complejo y difícil de armar, pero genera muchísima ilusión entre la gente y tiene una voluntad política muy clara, que es intentar llegar a la alcaldía de Madrid. En esa hoja de ruta estamos trabajando todos y todas. Hay que confiar y seguir trabajando, porque este es un trabajo de hormigas.

¿Incluso con el formato en el que Ganemos ha alcanzado el acuerdo con Podemos, a pesar de las declaraciones de IUCM diciendo que ese modelo no es el que ellos preferían?

Desde Izquierda Unida, a nivel federal, hemos marcado que una línea muy importante a respetar es la de la coalición electoral, pero no porque nos levantemos una mañana y lo decidamos, sino porque entendemos que la coalición electoral es el elemento jurídico, administrativo, mejor para poder garantizar que se construye una candidatura ciudadana en pie de igualdad para todos los actores políticos y que, además, es la mejor forma para lograr una candidatura fuerte.

Respecto al partido instrumental, tenemos que esperar. Es todavía pronto para ver cómo se resuelve y cómo van avanzando los procesos de toma de decisión en lo interno. Pero, desde luego, desde Izquierda Unida a nivel federal entendemos que lo político no se puede subordinar a lo jurídico. Nosotros queremos construir candidaturas ciudadanas. La fórmula jurídica debe ser la que mejor se adapte a la naturaleza de ese espacio de confluencia para lograr construir la candidatura más sólida, pero nunca debe ser ni un obstáculo, ni un impedimento, ni una piedra en el camino para poner en marcha el proyecto de confluencia.

Entonces, ¿Izquierda Unida seguirá estando en Ganemos?

Sí. Izquierda Unida va a seguir estando en Ganemos Madrid ciudad porque es la apuesta que hemos hecho desde IU federal y porque todas nuestras federaciones, todos nuestros territorios y toda nuestra militancia están participando de todos los proyectos allí donde están saliendo adelante y nuestra apuesta es clara por el cambio. No vamos a permitir que nuestra gente no forme parte del cambio histórico por el que todas y todos luchamos y en el que todas y todos confiamos.

Y, en la Comunidad de Madrid, ¿crees que se podría producir una hipotética reconciliación con Tania Sánchez?

La bola de cristal me la he dejado en casa. [Risas]

Bueno, pero tú estás en las reuniones.

Sí, yo estoy en las reuniones, pero estoy a nivel de Izquierda Unida federal, no conozco la realidad interna de IUCM. No sé cuál es la hoja de ruta marcada para la comunidad autónoma y ahí no te puedo dar más datos. Solo te puedo decir que creo y confío en que se va a trabajar por una convergencia con todos los actores políticos y sociales también en la comunidad autónoma.

Con esta situación -la no expulsión de Gordo y Pérez, la marcha de un sector cercano a Alberto Garzón-, ¿ha quedado Garzón debilitado dentro del partido? ¿Se le ha ninguneado?

Por distinguir, estoy de acuerdo en que, efectivamente, le ha afectado, como nos ha afectado a toda Izquierda Unida federal la marcha de Tania, no solo al proyecto de Alberto Garzón. Evidentemente, la salida de una compañera con la proyección pública, mediática y política del calado de Tania Sánchez, pero no estoy de acuerdo con que se haya ninguneado a Alberto Garzón. Alberto Garzón es líder de un proyecto. El sábado será ratificado como candidato de Izquierda Unida a la presidencia del gobierno y encabeza, además, el proyecto que, en lo interno, hemos llamado la secretaria de Proceso Constituyente. Él lidera este proyecto de construcción de un nuevo país y no creo que se le haya ninguneado en ningún caso con la salida de Tania Sánchez.

Cambiemos ninguneado por solo. ¿Se ha quedado falto de apoyos dentro de IU?

Se podría ver así. A nivel de apoyos, francamente, hay una ausencia, que todas y todos percibimos y notamos, pero creo que Alberto es una persona que representa ese proyecto de Izquierda Unida, una persona que proviene de los movimientos sociales, que ha tenido una labor parlamentaria excepcional y que, desde luego, es uno de los perfiles más reconocidos y con mayor importancia dentro de la organización. Él tiene que seguir hacia adelante en el camino colectivo que hemos comenzado todos y todos. Pero, evidentemente, la marcha de Tania Sánchez nos ha afectado. Decirte otra cosa sería mentir.

¿Cómo es la relación entre las nuevas caras de Izquierda Unida y la vieja guardia?

Tampoco tenemos que hablar de vieja guardia. A veces pecamos de no saber compatibilizar esta cuestión estrictamente generacional, que parece que nosotros somos unas personas jóvenes que hemos asaltado la organización y nos queremos hacer con el poder. No es así, ni mucho menos. No es una cuestión de jóvenes contra mayores, sino una forma de leer el momento político actual y, en esa lectura, no podemos olvidar, despreciar, ni dejar de contar con todo lo que nos antecede, que es todo el trabajo militante de esta organización que han hecho todas esas personas que hoy son miembros, desde la militancia hasta la dirección federal. No podemos dejar de contar con ese trabajo.

En la relación, evidentemente, hay un debate político sano respecto a cuál debe ser la lectura del momento actual y, en base a esa lectura, qué prácticas poner en marcha para una organización como esta en un momento como este.

Habló Cayo Lara el otro día de una OPA hostil de Podemos a Izquierda Unida. ¿Se está produciendo una fuga de militantes?

Yo no estoy de acuerdo con Cayo en esas palabras. Podemos tiene una hoja de ruta muy marcada y muy concreta. Ellos quieren llegar a las elecciones generales de una forma limpia. Yo no sé si eso es posible, ya lo veremos. Y, evidentemente, tienen que construir una organización, tienen que construir un partido político. Tiempo no tienen mucho, tienen que acelerar ritmos. Los métodos que ellos pongan en marcha, no los conozco, habría que preguntarles a ellos. En cualquier caso, ellos tienen su hoja de ruta y sus objetivos e irán hacia ellos. De la misma forma, nosotros tenemos los nuestros e iremos hacia ellos.

Pero, ¿esa fuga de militantes se está produciendo?

No se puede hablar de una fuga de militantes. Hay bajas, altas…

 ¿Podemos está intentando fichar militantes y cuadros medios de IU, como manifestaba Cayo Lara?

Por supuesto, hay bajas y altas. Lo que yo no quiero pensar es que haya un intento de cooptación por parte de Podemos a nuestras filas. Entiendo que cualquier fuerza que tenga un  mínimo de democracia interna no llevaría a cabo un ejercicio de estas características. Eso lo dejo a su reflexión y a su valoración. No creo que se esté produciendo un  ejercicio de cooptación. Si se está produciendo, que cada cual reflexione con sus métodos de democracia interna porque, quizás, lo que estás construyendo a corto plazo, a largo plazo quizá ya no sirva.

Entonces, ¿a ti no te han intentado fichar?

No, que me conste.

Para terminar, hace casi un año, entrevistamos a Gaspar Llamazares y nos decía que la Transición se hizo en torno a la estrategia del Gatopardo, que cambiase todo para que no cambiase nada. ¿Crees que estos procesos, como la llegada de Podemos y el resto de movimientos que estamos viviendo, pueden dar lugar a que, dentro de veinte años, digamos del año 2015 lo que ahora se dice de 1978?

Si llegamos a decir eso del año 2015, va a ser una pena. Yo no he estado en Irak, pero sé que hubo una guerra allí y no he tenido que vivir la Transición para saber que, probablemente, este es uno de los momentos más ilusionantes y con mayor posibilidad de cambio en la historia de la democracia. En ese sentido, si llegamos a decir en algún momento que nos estamos vistiendo de lagarteranas o que esto es otro ejercicio de gatopardismo, sería haber desaprovechado una gran oportunidad. Porque yo sí creo que estamos viviendo un  momento de excepcionalidad histórica.

Muchas veces, hay gente que se opone a los lemas del “ahora o nunca”. Y es cierto que pueden ser un poco frustrantes en la medida en que, si ahora no, ¿qué hacemos? ¿Nos volvemos todos a casa? Ahí estoy de acuerdo. Pero, en términos de emergencia social, nunca se había dado una situación de un 57% de paro juvenil, que se alcanzara la cifra de seis millones de parados, que asistiéramos a una segunda ola de emigración juvenil, que el bipartidisimo -por primera vez en la historia de la democracia- se haya roto, como el CIS puso encima de la mesa. En esos términos, nunca se ha vivido una situación de crisis de régimen de estas características.

Eso abre una ventana de oportunidad para un cambio. Un cambio que requiere de habilidad e inteligencia por parte de todos y de todas. Sin esa habilidad, esa inteligencia y esa generosidad que se nos tiene que exigir para saber construir estos espacios de diálogo, de puesta en común, es posible que el proyecto se pueda frustrar. Esa es una valoración que cada uno tendrá que hacer en lo interno, en lo externo y poner todos los mecanismos para evitar que el proyecto se frustre y llegue a mal puerto. Porque sería una pena, pero no para los partidos de izquierda, sino para la gente de la calle, como tú y como yo, que lo que estamos viviendo en nuestra cotidianeidad es una situación de drama. Se trata de ofrecer una vida digna a la gente.

Entrevista realizada en Restaurante Diurno, el 17 de febrero de 2015

***

Foto de portada: Jorge Moreno y Lara Hernández (Miguel Ángel Moreno)

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