Elecciones en Reino Unido (II): El nacionalismo escocés afianza posiciones

En las elecciones más impredecibles de los últimos años, una cosa parece clara: se acabó el bipartidismo, también en el Reino Unido. Ni conservadores ni laboristas parecen capaces de conseguir a menos de siete semanas de la cita electoral los votos necesarios para gobernar en solitario. El Partido Nacionalista Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) podría ser clave a la hora de formar gobierno, pero varios factores, entre los que destaca su intención declarada de perseverar en el reclamo de independencia, hacen de él un aliado extremadamente difícil de defender ante el electorado al sur de la frontera.

Imaginar un gobierno de coalición entre laboristas y nacionalistas escoceses se ha transformado en las últimas semanas en la peor pesadilla de los conservadores británicos y al mismo tiempo en su mejor arma electoral. Durante un acto de campaña en los alrededores de Londres a primeros de marzo, el primer ministro británico, el conservador David Cameron, jugaba su primera baza electoral: “Si pensáis que el peor resultado posible de estas elecciones es un Gobierno laborista liderado por Ed Miliband, pensadlo otra vez. Podrías terminar con un Gobierno laborista liderado por Ed Miliband, apuntalado por Alex Salmond y el Partido Nacionalista Escocés. Podríais terminar con una coalición entre aquellos que quieren llevar el país a la bancarrota y aquellos que quieren romper nuestro país”.

La respuesta a esta campaña -ya famosa por el polémico y popular cartel en el que puede verse a Ed Miliband en el bolsillo del exprimer ministro escocés Alex Salmond– aunque se hizo esperar por lo complicado de la situación para los laboristas, finalmente llegó. En una conferencia en el condado inglés de West Yorkshire, Miliband acusó al primer ministro de querer asustar a los votantes y finalmente se comprometió a no formar un gobierno de coalición con el SNP ni a albergar a ministros de ese partido en un Gobierno bajo su mandato. La clave, de acuerdo con buena parte de los analistas, es que no rechazó un acuerdo informal que aún le dejaría cierto margen de maniobra.

No ha sido una decisión exenta de polémica. Aunque muchos dentro del partido laborista esperaban una declaración de este tipo, otros temían que este rechazo explícito a una coalición formal con los nacionalistas contribuyera aún más a la debacle de la formación laborista en tierras escocesas, donde algunas encuestas auguran que el SNP llegarían a conseguir hasta 50 de los 59 diputados posibles, frente a los seis que tiene actualmente. En esta región, antiguo bastión del laborismo, muchos acusan a este partido de haber estado durante demasiado tiempo diciendo una cosa al norte de la frontera y otra muy diferente en Westminster.

La habilidad de los laboristas escoceses de hablar dos lenguajes, uno en Escocia y otro en Westminster, solía ser un aspecto positivo. Significaba que el partido podía actuar como un puente entre Escocia y el Reino Unido, vendiendo los beneficios de la Unión en Escocia, y al mismo tiempo defendiendo los intereses de Escocia en la Unión. Pero este equilibrio estaba basado en un entendimiento instrumental de la Unión, algo que ahora, después de tres décadas de Thacherismo y Nuevo Laborismo, se ha roto finalmente”, explica en un artículo el analista Gerry Hassan.

En una muestra de desesperado distanciamiento con Londres, el líder laborista escocés,  Jim Murphy, ha tenido incluso que llegar a aclarar que él “no es un político de Westimister, sino un político escocés”, una obviedad que muestra el alcance del problema al que se enfrenta su partido.

La perspectiva de decenas de asientos en manos del SNP ha motivado que haya quien pida, incluso, un gobierno de coalición entre conservadores y laboristas que detenga su ascenso y evite una “crisis constitucional”. El conservador Lord Baker de Dorking, secretario de Educación de Margaret Thatcher, consideró que había llegado el momento de crear el primer gobierno nacional desde la Segunda Guerra Mundial entre los dos partidos mayoritarios: “Está en juego la unidad del Reino Unido. Con el objetivo de preservar esta unidad hay que encontrar otro camino. Este puede ser un gobierno de unidad entre el Partido Laborista y el Partido Conservador”.

A los nacionalistas, por su parte, no les importa coquetear con la idea de ser ellos quienes decidan quién llegará al número 10 de Downing Street. El ex Ministro Primero de Escocia, Alex Salmond, aseguró que su partido sería capaz de “llevar la voz cantante” en Westminster si llegado el momento del recuento ni Laboristas ni conservadores conseguían una mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Tras los comentarios de Miliband rechazando una coalición, la Ministra Primera de Escocia, Nicola Sturgeon, quien había planteado anteriormente la posibilidad de formar un “acuerdo más flexible” con el laborismo, aseguró que las declaraciones de Miliband no marcaban ninguna diferencia. Su discurso, afirmaba, todavía dejaba abierta la posibilidad de un acuerdo de trabajo  informal para mantener a los conservadores fuera del poder. En declaraciones a Sky News dijo: “Ya he repetido anteriormente que una coalición formal entre el Partido Laborista y el SNP era altamente improbable. Pero eso no impediría que los dos partidos trabajemos juntos para mantener a los tories fuera del Gobierno”.

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Asela Viar redactó este artículo desde Edimburgo (Escocia)

Foto de portada: Ed Miliband en el bolsillo de Alex Salmond. Cartel de campaña del Partido Conservador. (Fuente: https://www.conservatives.com/)

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