La abstención, la grieta y otras enseñanzas de las Elecciones andaluzas

Después de meses de especulación, encuestas rumbosas en las que el mapa político se mueve como una culebra y desconcierto general de la tertulianada oficial del reino, ya hemos tenido unas elecciones de verdad. Por fin hemos podido contrastar con la realidad todas las intuiciones de los últimos meses. Y sí, Andalucía es un territorio electoral muy particular (el único sin cambios de gobierno) y no es prudente hacer juicios contundentes, pero aun así podemos sacar algunas conclusiones sobre lo que estos resultados nos cuentan. Veamos.

And the winner is…La Abstención

 

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Reparto de escaños en Andalucía si la abstención fuese un partido político. Fuente: Blogdebori

La abstención ha vuelto a ser la opción favorita de los votantes. Más de un tercio de los andaluces (36,06%) decidieron no votar ayer, superando a los que se decantaron por el PSOE de Susana Díaz (35,43%). La  participación ha subido ligeramente respecto a las pasadas elecciones (1.7 puntos), pero es la tercera más baja de la historia. El 64% de votantes quedan lejos de la media (alrededor del 68%) de las diez elecciones autonómicas celebradas hasta ahora, y muy muy lejos del 78% de las de 1996.

La principal conclusión de este dato es que la entrada de caras y partidos nuevos no ha conseguido reparar la desafección de mucha gente por la política, de uno de cada tres nada menos. Parece evidente a la vista de los resultados que las nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, han logrado movilizar cierto voto previamente abstencionista, y que parte de los antiguos votantes de PP y PSOE se han quedado en casa, pero el resultado no es ni mucho menos tan significativo como cabría esperar en un momento de altísima intensidad política como el que vivimos.

Esto es una buena noticia para el PSOE y en menor medida para el PP, y es una muy mala noticia para Podemos. Su estrategia consiste en pelear en el marco de un nuevo tablero político, y este pasa necesariamente por los abstencionistas. Si la gente que vota es esencialmente la misma, los movimientos pueden ser importantes (ya lo han sido), pero los votantes fieles de los partidos tradicionales son suficientes para que las turbulencias no se conviertan en terremoto. La evolución en este ámbito será decisiva en los próximos meses.

La ley electoral, la ley del más fuerte

La aritmética electoral ha vuelto a hacer de las suyas favoreciendo a los partidos más votados. Las elecciones autonómicas son mucho más proporcionales que las generales, sobre todo porque se eligen muchos más diputados en cada territorio (el doble en muchas provincias). Aun así, la desviación entre el porcentaje de votos y diputados es importante. El PSOE, mayor beneficiado, se lleva el 43% de los diputados con el 35 % de los votos, mientras que IU se tiene que conformar con un 4% de los diputados con casi el doble de porcentaje de votos. Peor es la situación si nos fijamos en algunas provincias, como Huelva, donde al PSOE le basta con un 41% de los votos para hacerse con el 55% de representantes.

Estos datos nos avisan de lo que puede pasar en futuras listas electorales, donde los partidos no mayoritarios van a ser más aun penalizados. Las alianzas (¿UPyD + Ciudadanos?, ¿Podemos + IU?) pueden ser determinantes en futuras contiendas. En cualquier caso, lo que parece claro es que urge una reforma de la ley electoral que mediante un sistema de restos y/o cambios en las circunscripciones se acerque más a la proporcionalidad de lo que lo hace actualmente.

Las encuestas cogen aire

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Evolución de las diferentes encuestas para las Elecciones Autonómicas de Andalucía. Fuente: Electomanía

 

Las empresas encuestadoras pasaron su particular crisis de legitimidad (¿quién no ha tenido una en estos años?) tras las Elecciones Europeas, cuando sobreestimaron el voto al PP y al PSOE y no vieron venir la fuerte irrupción de Podemos. Entre aquel pinchazo y la costumbre de la prensa de utilizar las encuestas como arma arrojadiza siempre que pueden, mucha gente pensó (y me incluyo) que podrían volver a errar el tiro. Sin embargo, después de ver los resultados se puede decir que las encuestas han recuperado parte del crédito perdido y que, al menos en Andalucía, han vuelto a coger el pulso a la interpretación de los datos que les dan sus encuestados. De todas formas, pese a los aciertos, sería de agradecer un poco más de transparencia en las fichas técnicas para evitar suspicacias en el futuro.

La grieta y el bipartidismo

Todo el mundo coincide en que Susana Díaz ha salvado el órdago de las elecciones y sale reforzada de la jugada. La presidenta (ahora sí) electa ha demostrado conocer a su electorado bastante mejor que los analistas madrileños, lo cual es bastante obvio pero hasta ayer también algo discutido. Gobernando en minoría y buscando apoyos donde más le convenga para sacar leyes, Andalucía vivirá con cierta estabilidad (Municipales mediante) mientras en el resto de España irán llegando contiendas mucho más imprevisibles. Además, en el caso de que la torta del PSOE en las Autonómicas y Municipales de mayo sea estratosférica, Díaz estará allí para (ejem) salvar a su partido si no queda más remedio.

Pero aunque ahora estén contentos en el PSOE, y no es para menos, probablemente acaban de gastar su mejor apuesta en todo este intenso año electoral. El resto del país no es Andalucía, y gobernar una autonomía va a estar realmente difícil, al menos sin apoyos comprometedores. Justo lo contrario que el PP, que no repetirá un resultado tan malo en ningún sitio.  El Partido Popular no está como para ir a la ofensiva, y menos en unas elecciones andaluzas, sino que su verdadero reto está en conservar la mayor cantidad de autonomías que pueda, algunas en riesgo después de dos décadas de incontestable dominio. Más allá de la debacle, que preocupará pero no tanto por ser donde es, la peor noticia para los populares es la constatación de que Ciudadanos les puede quitar muchos votos sea donde sea. Y eso pone en peligro su gran baza en comicios venideros: mantenerse como primera fuerza política aunque se pierdan mayorías absolutas.

Y nos falta hablar de la grieta.

La grieta es ese agujero metafórico que la corrupción y los malos hábitos de los partidos tradicionales han dejado libre para que se cuelen otras propuestas. En ella ponen su fe y sus esfuerzos el resto de partidos para encontrar su hueco o incluso “asaltar los cielos”. También es el principal motivo de preocupación del PP y el PSOE, para los que su clásica enemistad ha pasado a un segundo plano. Y estas elecciones han demostrado que la grieta no es un cuento de Errejón, sino una realidad material. Un agujero, eso sí, que de momento dista mucho de ser un socavón.

Resultados de las Elecciones europeas de 2015 en Andalucía

Resultados de las Elecciones Europeas de 2015 en Andalucía

Lo mejor para entender la situación es comparar los datos de ayer con los de las Elecciones Europeas. Que son cosas muy distintas y tal y cual, pero si ponemos en frente los resultados de una y otra cita, la principal diferencia es la participación. PP y PSOE prácticamente clavan sus porcentajes de mayo, mientras que las cifras de IU+Podemos y Ciudadanos+UPYD son ligeramente superiores ahora, aunque con las tornas cambiadas. Esto significa dos cosas a la vez: que la caída de PP y PSOE no ha aumentado mucho en Andalucía desde entonces y que esta caída no era un toque al bipartidismo en el contexto de unos comicios considerados poco relevantes por la gente. Los nuevos partidos han venido para quedarse, pero van a tener que trabajar duro para aumentar la brecha. Ahora bien, las historias son muy distintas en cada caso.

Parece claro que entre los que se han apuntado a votar fuera del bipartidismo, la mayoría ha preferido los partidos nuevos frente a los que llevan años ejerciendo esa labor en las instituciones. Esto ha dejado tocada de muerte a UPyD, que está a una rueda de prensa de Rosa Díez de convertirse definitivamente en un partido regional madrileño. Un poco mejor le han salido las cosas a Izquierda Unida, que consigue aguantar en el Parlamento andaluz pese a haber perdido cerca de la mitad de sus votantes. Pero este resultado, que sirve para salvar la dignidad, viene después de una buena campaña, con un buen candidato, en una comunidad tradicionalmente buena para ellos y con una importante presencia en los medios de comunicación (debates televisados incluidos). Y si esto es lo que sucede en un contexto favorable, todo parece indicar que o replantean su estrategia o los próximos meses pueden ser un auténtico calvario.

En el otro extremo se encuentran los dos novatos en el barrio de la Macarena, Podemos y Ciudadanos, que tienen motivos de sobra para estar contentos. La formación naranja ha logrado nueve diputados en un mes y han demostrado que pueden hacer mucho daño al PP. Su irrupción es impresionante se mire por donde se mire, aunque de momento se puede decir que nadie les ha molestado en el camino. Su senda ascendente, propiciada por el carisma de Albert Rivera y una campaña mediática digna de estudio, se tendrá que enfrentar ahora con la realidad del enfrentamiento político, con la ruleta de los centenares de candidatos autonómicos y municipales elegidos a toda prisa y con el equilibrismo ideológico necesario para conseguir votos tanto del PP como del PSOE. Su verdadero partido empieza ahora.

Muy diferente es el caso de Podemos. En primer lugar, porque su estrategia de salir siempre a ganar puede conseguir que un excelente resultado como el de ayer sepa a poco. Quince diputados y un 15% de los votos para un partido que no existía hace un año es algo histórico en nuestra democracia, pero les deja lejos de ser un partido imprescindible en el Parlamento regional. Al mismo tiempo, un resultado como este en uno de los territorios en los que peor resultado consiguieron en las Elecciones Europeas (7%) y en medio de una importante campaña de desprestigio, demuestra que son una realidad ineludible del panorama político actual. La estrategia de Pablo Iglesias y compañía de cara a las generales se mantiene intacta, pero seguramente tengan que elegir muy bien qué batallas quieren librar en las autonómicas y municipales. No nos queda mucho para descubrirlo.

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Foto de portada: Susana Díaz habla con la prensa. (Fuente: Flickr)

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