Mi mejor película del mundo: 8 mujeres

Hay películas maravillosas, entretenidas o grandes obras maestras, hay películas bonitas, que cuentan una buena historia, con guión impecable, o que la cuentan de manera espectacular. Y luego está tu película favorita. Esa película que puedes ver sin cansarte nunca, sin dejar de descubrir cosas, que recomiendas por mil razones y que disfrutas viendo la reacción a tu alrededor ante ella. He visto muchas, muchas películas, conozco la historia del cine y creo reconocer cuando una película objetivamente es buena o no. Y todo esto no tiene que ver (o sí) con que mi película favorita de manera subjetiva, personal y visceral, sea 8 Mujeres.

Voy a intentar rebajar mi pasión ciega e intentar que veas esta película. Voy a intentar convencerte de que la veas por primera vez o que si ya lo has hecho, la recuerdes mejor.

François Ozon

François Ozon agradece la Concha de Oro por su película ‘En la Casa’ EFE/Juan Herrero

8 Mujeres (2002) está dirigida por François Ozon, uno de los directores franceses más prolíficos y creativos en activo. Maneja millones de referencias y escenarios, sin miedo a contar las historias de la manera que cree que necesitan, por extraña o excesiva que ésta pueda llegar a ser. Su primera película, Sitcom (1998), ya fue escogida por la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, ha ganado varias veces los César, ha participado en Cannes y Berlín en más de una ocasión, y en 2012 ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián por En la Casa. Mezcla melodramas pomposos con historias más introspectivas, pasando por divertidas comedias kitsch. Todo desde ese halo de perversidad, de personajes cuyo mundo interior acaba explotando y salpicando a todo cuanto tienen a su alrededor. La sensualidad que habita en Joven y Bonita y los problemas de unos padres a cuyo hijo le están saliendo alas de Ricky. La ficción alrededor de una escritora en Swimming Pool y la deconstrucción de un matrimonio de 5×2. La parodia de todo ello en Potiche. El sexo. Personajes siniestros. Oscuridad. Y por encima de todo, la diversión de 8 Mujeres. Todas la situaciones más dramáticas, sensuales, excéntricas y siniestras, pasadas por el tamiz referencial de 8 Mujeres.

Años 50. Una casa en mitad de la nada aislada por la nieve es el escenario teatral de esta historia. El hombre, dueño de la casa y del dinero, muere asesinado. Las sospechosas, las ocho mujeres que viven a su alrededor, que viven de él, que lo despluman día a día: su mujer, su hija adolescente, su joven hija, su hermana, su suegra, su cuñada, su criada y su cocinera. Todas encerradas hasta encontrar a la culpable.

8 Mujeres. Todas

La historia se encuentra en este marco de misterio clásico, el Cluedo en pantalla, las mil y una confesiones y conversaciones de Agatha Christie hasta encontrar a la asesina. El “todas ocultan algo y eso dificulta la búsqueda de la culpable real”. Estos elementos que tan bien conocemos se muestran con una realización excesiva, extremadamente camp. Cada plano está milimétricamente estudiado, encuadrado y expuesto, lo que vemos, cómo lo vemos y lo que no vemos. La realización serpentea de la invisibilidad del cine clásico, de planos generales para situar la acción y medios y primeros para presentar a las actrices, a la plena autoconsciencia, con planos demasiado largos remarcando tensiones o esa escena del primer interrogatorio en el que las protagonistas están alrededor de una mesa y se produce toda la conversación con primerísimos primeros planos, desubicando al espectador, que no reconoce en ningún momento dónde se encuentran exactamente los personajes.

Adaptando la obra de teatro de la que proviene, el escenario principal será el salón del que nacen las escaleras principales al piso de arriba, donde se esconden demasiadas verdades a medias. Los colores estridentes delimitan los espacios irreales y las tramas. También la dirección de arte exagerada, mimada hasta el más mínimo detalle. Los espacios representan esas habitaciones de los años 50, con papeles floreados en las paredes y jarrones chinos en cada esquina. Cada habitación sigue una tonalidad, a menudo compartida con el personaje que más habita ese espacio. Los personajes también están construidos desde esta exagerada irrealidad. Parodian los arquetipos de mujeres del cine clásico hollywoodiense y por consiguiente, los arquetipos clásicos que habitan nuestro imaginario. Llega a tal extremo que pareciera que los personajes parodian a las propias actrices, haciendo cada una los papeles que más han representado en su carrera llevados al límite: Deneuve, burguesa por antonomasia, Ardant, más sensual que nunca y Huppert, histriónica de libro. Cada una de ellas tiene un aparataje perfectamente pulido, un vestuario adaptado a su personalidad y todas transmiten sus máximas confesiones, vulnerabilidades y momento culmen del personaje a través de una canción.

Y es que 8 Mujeres también es un musical, lo tiene todo, ¿eh? Es un musical clásico realizado desde el punto de vista de alguien que conoce muy bien la evolución que ha hecho el cine a través de su historia. Los números son clásicos, representando cada una de las mujeres una época del cine musical hollywoodiense, cada canción y enfoque representa unos años, un género musical o una actuación en concreto. Las hermanas con su canción divertida y coreografiada al estilo de Cantando bajo la lluvia y el número de Gilda de Fanny Ardant. Como ya he dicho, en las actuaciones musicales los personajes llevan al extremo su personalidad, confesando, mostrando su mayo debilidad o afianzándose por encima del resto. Es un momento teatral, con luces y escenarios preparados para que el personaje represente la canción que forma parte de sus líneas de diálogo. Y esto lo aprecian ellas mismas, como personajes dentro del universo narrativo de ficción. Por lo que cuando terminan, aplauden, se abrazan o se asombran de lo dicho en la canción. En este momento tú, como espectador, sales de la narración para ser consciente de que estás viendo una película. Es una de esas herramientas de la modernidad del cine que trajo la Nouvelle Vague (lejana ya para llamarla modernidad), un elemento para hacer partícipe al espectador de que estamos en un espectáculo, que todo es ficción.

8 Mujeres tiene demasiados elementos que me vuelven loca, que luego he ido viendo y buscando en las películas de mi vida: mujeres fuertes y desiquilibradas, colores, misterios, arte kitch, canciones, buenas actuaciones, trajecitos, autoconsciencia. Yo, desde hace ya años, me la quedo para siempre. Tú, ¿le das una oportunidad?

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