Empoderando: relatos de mujeres marroquíes emprendedoras

El día a día de las mujeres en Marruecos lleva aparejada una lucha continua por la igualdad de oportunidades. La asociación Elbassma puso en marcha hace algunas semanas el proyecto Mujeres Emprendedoras, para apoyar a todas aquellas que de manera autónoma quieren salir del espacio privado y empezar a controlar sus propios recursos. Zineb, Wafa, Hasna, Fatima, Aziza y Halima son solo algunas de las mujeres marroquíes para las que asistir a un curso de estas características les ha garantizado el camino hacia el empoderamiento.

A comienzos del mes de marzo la localidad marroquí de Errachidía acogía el curso de formación Mujeres Emprendedoras de la mano de la Asociación Elbassma, que desde el año 2009 había venido desarrollando proyectos de cooperación al desarrollo con población juvenil y escuelas en el sur de Marruecos. En 2013, la asociación detectó la necesidad de comenzar también a trabajar por la autonomía e independencia de las mujeres de Errachidía.

En este sentido, ElBassma, cuyo significado se traduce del árabe como sonrisa, decidió empezar a colaborar de manera activa con las mujeres locales para sacar al mercado los productos artesanales que ellas mismas elaboran, en la mayoría de las ocasiones desde su propia casa. Para muchas mujeres, el curso ha supuesto la superación de dificultades ante la falta de apoyo de sus familias, al tiempo que ha garantizado el aprendizaje necesario en gestión de empresas, marketing y finanzas para poner en marcha sus pequeños negocios. Se trata de un primer acercamiento para muchas mujeres al control de su propio poder económico, vehículo indispensable en el camino hacia una progresiva independencia y empoderamiento.

En un lugar como Marruecos, donde la figura del hombre todavía se asocia de manera jerárquica al poder, muchas mujeres no tienen todavía un acceso a la gestión económica de sus recursos, delegada en el marido, el padre o los hermanos. Además, la libertad de movimiento de las mujeres, su incorporación al mundo del trabajo y las decisiones económicas del día a día son todavía un asunto de varones, a quienes las mujeres deben pedir dinero cada vez que necesitan ir al mercado o comprar en la ciudad. Frente a ello puja el deseo de libertad y la puesta en marcha de muchos proyectos de las mujeres del sur, que paulatinamente buscan su empoderamiento a través de pequeñas empresas autónomas y cooperativas gracias a las cuáles pueden comenzar a gestionar su propio dinero sin necesidad de la aprobación masculina.

Este es el caso de mujeres como Zineb Bouriaz,  Wafa Warkawi, Hasna Hasani, Zahra Abid, Fatima Lahbouchi, Aziza Mousawi y Halima Arban, algunas de las 40 mujeres que han asistido al curso Mujeres Emprendedoras en Errachidía con el objetivo de adquirir una pequeña formación en administración de empresas y cooperativas para comenzar a gestionar su propio proyecto y vender más allá del círculo de conocidos los productos que ellas elaboran, desde alimentación y cosmética hasta productos del textil.

Fotografía Marta Aranda Lucas. Mujeres de la cooerativa Haik Mdaghri y de la asociación Safa de Ait Masod presentan su artesanía en Errachidía.

Fotografía de Marta Aranda Lucas. Mujeres de la cooerativa Haik Mdaghri y de la asociación Safa de Ait Masod presentan su artesanía en Errachidía.

Los rostros del empoderamiento

Zineb Bouriaz, de 53 años, divorciada y madre de tres hijos vive gracias a la venta de los dulces que ella misma prepara y de las piezas de ganchillo que elabora desde la casa en la que vive con sus padres y hermanos. Desde allí denuncia la situación de la mujer divorciada en Marruecos “más vigilada y controlada”. Para Bouriaz, la sola asistencia al curso ha supuesto un reto personal, ya que cada vez que sale de casa debe hacerlo acompañada por un familiar.

Muchas de las mujeres asistentes al curso comparten la inquietud por aprender a gestionar sus recursos económicos y alcanzar una independencia real, un requisito indispensable para dejar de pedir dinero a sus familiares. Este es el caso de Zineb Bouriaz, que señala que su sueño siempre fue “independizarse” y “tener su propio trabajo para no tener que pedir nada a nadie”. Para ella, aprender a separar el dinero personal del dinero del negocio ha supuesto solo el primer paso.

Más allá de estas dificultades, las participantes comparten su interés en aprender cómo mejorar sus productos, cómo llevar la gestión de un proyecto y algunos conocimientos sobre marketing para conocer la mejor vía para poner a la venta su artesanía. “He aprendido a gestionar los recursos, como seleccionar los buenos productos para mi trabajo y la importancia de la red de contactos”, apunta Hasna Hasani, de 34 años, casada y con dos hijos. “El gobierno nunca ha organizado cosas iguales”, puntualiza Hasani, quien al contrario de algunas compañeras sí contó con el beneplácito familiar.

En cambio, para Aziza Mousawi, 50 años, casada y con tres hijos, la situación es bien distinta, ya que ante la enfermedad de su marido es ella la encargada de sacar adelante a su familia gracias a sus trabajos de costura tradicional. Para ello ha puesto especial énfasis en aprender marketing a través de redes sociales, para así ampliar su círculo de venta.

Fotografía de Marta Aranda Lucas. Para Fatiha Abou, asistente al curso de Mujeres Emprendedoras, su discapacidad no le ha impedido realizar por si misma los productos de decoración que presentó en la galería.

Fotografía de Marta Aranda Lucas. Para Fatiha Abou, asistente al curso de Mujeres Emprendedoras, su discapacidad no le ha impedido realizar por si misma los productos de decoración que presentó en la galería.

“Los objetivos del proyecto son enseñar técnicas básicas para gestionar sus proyectos, mantener dichos proyectos en el tiempo, ofreciéndoles una evaluación y un seguimiento y sobre todo desarrollar mayor confianza y seguridad en sí mismas”, explica el responsable de comunicación y redes sociales de ElBassma, Sergi Conesa en el blog de la asociación.

Además, gracias a las aportaciones de los voluntarios que a lo largo de los últimos años han pasado por la asociación, así como de la puesta en marcha de sorteos y otras actividades solidarias, Elbassma pudo becar a algunas mujeres con menores recursos para que pudieran realizar el curso completo. Ya en año pasado se impartieron clases de costura en la localidad, pero desde ElBassma se había observado que una vez concluido este proceso de aprendizaje, las mujeres no continuaban con él.

“Comenzamos a investigar y nos dimos cuenta de que algunas no tienen dinero para emprender su proyecto y otras empiezan durante un poco tiempo y luego paran”, explica Yassine Ennajari, coordinador de ElBassma y responsable del Programa Mujeres Emprendedoras. “Por eso ElBassma pensó en poner en marcha el proyecto de Mujeres Emprendedoras”, prosigue. Para ello, las mujeres tuvieron que diseñar un proyecto y presentarlo ante un jurado, siendo beneficiados los mejores con una beca de 150 euros. De esta manera se ponía solución a dos de los problemas detectados en las mujeres: la falta de formación y de capital necesario para emprender un proyecto.

Dificultades en el acceso a la autonomía

“El nuevo Marruecos presenta unas condiciones sociales, políticas, laborales y económicas para las mujeres muy distintas a las de mediados del siglo xx. Ahora la mujer comienza a adquirir roles protagonistas, y este fenómeno es un factor determinante para la modernización de los países en vías de desarrollo que, durante gran parte de su historia, renunciaron a tan valiosa contribución para la modernización de sus instituciones”, explica Francisco Alberto Vallejo, docente en la Universidad de Málaga.[1]

En Marruecos, las mujeres y los niños son los que más sufren todavía una tasa mayor de analfabetismo que los hombres. Sin embargo, este hecho no quiere decir que pese a su situación de desventaja, especialmente preocupante en las áreas más rurales, las mujeres no hayan iniciado un proceso lento en su incorporación al mundo del trabajo y a la educación. La doctora en sociología Leila Chafai sentencia que esta conquista se ha llevado a cabo  “sin o con poca formación”, lo que quiere decir que muchas mujeres autodidácticas han empezado a proyectarse en el mundo del trabajo por su propia cuenta. En este sentido, el curso Mujeres Emprendedoras tuvo en cuenta el nivel de estudios de las mujeres de tal manera que los grupos formados se constituyesen bajo los principios de solidaridad y cooperación entre las participantes. La formación ha buscado personalizar los proyectos de las mujeres, imprimiéndoles fuerza y carácter: “Les hemos enseñado los puntos fuertes de sus proyectos”, apunta Yassine Ennajari.

A pesar de ello, algunas de las participantes tuvieron que hacer frente a la incomprensión de sus familiares más cercanos y también a una baja autoestima conformada en la base de que una mujer no será tan capaz como el hombre a la hora de poner en marcha un proyecto empresarial, un imaginario muy extendido en la sociedad de Errachidía pero también en otras partes del país árabe. Este es el caso de Wafa Warkawi, cuyas habilidades fueron despreciadas en numerosas ocasiones “no sabes hacer esto porque eres una mujer” o “no puedes hacer esto”. Ahora busca engrandecer su proyecto novedoso y poder con el dinero para poder conseguir su propia casa. “Ya sé lo que tengo que hacer para lograr mi sueño”, sentencia Warkawi. Algo parecido le sucedió a Fatima Ben Alboazawi, divorciada y con un hijo “siempre desprecian los esfuerzos de las mujeres”, añade.

En este sentido, Sergi Conesa, de Elbassma explica que “uno de los hándicaps a superar en el proyecto era el miedo que tenían las mujeres para afrontar un futuro propio, autogestionado y complejo”. La puesta en marcha de un sueño siempre lleva aparejado un alto coste, sin embargo, en el caso de las mujeres marroquíes es aún más duro y largo el camino a recorrer, pues deben superar situaciones familiares, los trámites burocráticos de la administración marroquí a la hora de registrar cualquier negocio y, en definitiva, lidiar con el difícil acceso a un espacio público alejado de los muros del hogar.

Fotografía de Marta Aranda Lucas. Zhor, representante de una cooperativa que elabora mermeladas, zumos, vinagre y otros productos con dátiles.

Fotografía de Marta Aranda Lucas. Zhor, representante de una cooperativa que elabora mermeladas, zumos, vinagre y otros productos con dátiles.

Una iniciativa pionera en Errachidía que comienza a dar sus frutos

El cambio fundamental que han experimentado las mujeres beneficiarias del curso es sin duda alguna la toma de conciencia gracias a la cual han abandonado el miedo inicial. “Les hemos explicado como montar una cooperativa, los beneficios, de tener seguridad social, jubilación y pensión. El miedo el último día había desaparecido”, sentencia Ennajari. “Han ganado confianza en sí mismas, conocen sus derechos y cuáles son las ayudas y facilidades legales de acceso al crédito y los impuestos que deben abonar cuando plantean el inicio de un proyecto”. El mensaje ha calado hondo en las mujeres marroquíes, y apunta Hasna Hasani, de 34 años, casada y con dos hijos “quiero demostrar que la mujer puede hacer lo mismo que hace el hombre”.

Tanto la asociación ElBassma como algunas de las asistentes al curso coinciden en señalar que desde el gobierno y la administración local no se había celebrado antes en Errachidía ninguna iniciativa de este tipo, dirigido en exclusiva a las mujeres. Prueba de ellos son las 17 mujeres que finalmente no pudieron participar en el programa por falta de plazas.

Después de la formación de Mujeres Emprendedoras, la asociación ha colaborado en la organización de una galería que sirviera como vehículo de exposición y venta de los productos y artesanías de las mujeres marroquíes. Más de 10 asociaciones y cooperativas a las que se adscriben unas 150 mujeres también se sumaron a la iniciativa de la galería, realizada en el Conjunto Artesanal de Errachidía  del 28 de marzo al 5 de abril.

La actividad de esta pequeña comunidad ya ha comenzado a dar sus frutos gracias a la celebración de esta exposición. Ya se han puesto en marcha nuevas cooperativas y asociaciones, ya que mujeres como Fatima Ben Alboazawi se han unido para formar una cooperativa para “asegurar el futuro próximo de mi vida”.

Por su parte, Fatima Lahbouchi, de 27 años y también asistente a la formación, es optimista y cree que la situación de las mujeres mejorará en un futuro cercano. Mientras, ella pondrá en marcha su negocio de ropa tradicional y moderna. En este sentido, el resultado no deja de ser alentador, ya que abre las puertas a la celebración de más iniciativas de este tipo en la región y a un progresivo empoderamiento de la mujer marroquí.

***

Fotografías: Marta Aranda Lucas.

Traducción de las entrevistas: Yassine Ennajari.

[1] VALLEJO PEÑA, Francisco Alberto. “Modernidad, formación y empleo en el Marruecos de las mujeres”, Papers: revista de sociología, nº97, 4, 2012.

CHAFAI, Leila. “Las mujeres sujeto de marginalización en Marruecos”.

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