La historia que no te han contado

-¿Por qué me has traído aquí?
-Porque me pone de mal humor que no sepas nada.
-Oye, tenía cosas que hacer.
-Claro. Videojuegos con los que jugar y esas cosas, ¿no?
-¿Pero qué te pasa?

El padre se ha convertido de pronto en solemnidad hecha carne. Aunque tiene pocas, en verdad. Es escurrido de cara, y alfeñique de cuerpo. Pero, en ocasiones, sabe cómo acaparar toda la seriedad del mundo bajo el entrecejo. Y cuando eso ocurre, hay que escucharle.

-¿Tú sabes lo que pasó aquí hace justo hoy veintiséis años?

El hijo se encoge de hombros.

-¿Cómo voy a saberlo? Nací al día siguiente. Es imposible que me acuerde.
-¿Y te conformas con ese pretexto? Si con nuestra propia memoria no nos alcanza, pues recurrimos a la memoria de los otros. Eso es la Historia.

El hijo mira desvalido en derredor. Agita nerviosamente las manos, porque no sabe qué hacer con ellas. La plaza y el aire le agobian. Hasta ese momento no había notado que había empezado a sudar, sin que en ello tenga arte ni parte la calidez de esa mañana de junio. La voz del padre le llega a los oídos otra vez. No le da tregua.

-Bueno, entonces, ¿no sabes lo que pasó aquí hace justo hoy veintiséis años?
-Ya te he dicho que no… No me tortures.
-¿No lo han mencionado nunca en el colegio?
-No sé…
-¿Ni una vez? ¿De pasada?
-¡¿Cómo voy a saberlo, si ni siquiera sé a lo que te refieres?!

El hijo ha alzado la voz, pero casi inmediatamente, para compensarlo, baja la vista. No sabe por qué, pero la situación le está resultando penosa hasta el extremo. Por el momento, lo único que sabe es que nada sabe. Sólo eso ha sacado en claro. E, inexplicablemente, le atormenta. El padre rezonga.

-No os enseñan nada…
-Hombre, algo sí enseñan…
-Nada útil, quiero decir.

“¿Y acaso tengo yo la culpa?”, desearía espetar. Pero no lo hace. No se siente con fuerzas para defenderse. Prefiere simplemente quedarse quieto, mientras llegan los reproches sin causa. O con causas que él desconoce.

-En fin –resuelve el padre con un suspiro-. Ven, colócate aquí conmigo.

Y ambos quedan como dos pasmarotes plantados en plena avenida de la Paz Eterna, encarando la plaza de Tiananmen.

-¿Qué hacemos aquí?
-Tú vas a escuchar una historia. Y yo te la voy a contar. Pero antes de empezarla, dime… y con sinceridad, por favor… si ahora mismo apareciera allí –y el padre señala con su índice un punto apenas diez metros por delante de ellos- un tanque enorme, ¿qué harías?
-¿Un tanque?
-Sí, un tanque dije. Sabrás al menos lo que es un tanque, ¿no?

El hijo se muerde la lengua para no soltar un taco. Hasta el padre nota la tensión que irradia, porque dice:

-Lo siento… No pretendo ser hiriente. Es sólo que me pone de mal humor que… Pero en fin, dime, ¿qué harías? Con franqueza.

El hijo no lo piensa ni dos segundos.

-Correr en dirección contraria.

-Bien. A eso se le llama prudencia. Pero, ¿y si el tanque viniese a pisotear algo en lo que creyeras? ¿Qué harías entonces?

El hijo esta vez sí lo piensa dos segundos.

-Pues, probablemente… lo mismo.
-Está bien. ¿Y qué me dirías si te contara que hubo un hombre que una vez se quedó parado, pero totalmente parado, delante de una hilera de tanques que avanzaban hacia él?
-¿Él solo?
-Sí. Completamente solo. Frente a los tanques. Y quieto. Muy quieto. Sin moverse ni un ápice.
-Pues te diría que era algún héroe de una de esas epopeyas que vienen en los libros y de las que ni siquiera se acuerdan los viejos.
-Bien. Pues entonces yo te respondería que estás en un error. Que eso fue capaz de hacerlo un hombre en este mismo lugar en que nos encontramos, hace justo hoy veintiséis años. Un día antes de que tú nacieras. Y ahora que ya eres un hombre, que te haces mayor, he pensado que tenías que saber esta historia para…
-¿Para que sea como él? –le interrumpe el hijo, temiéndose lo peor.

El padre suelta una carcajada.

-No, por Dios. Simplemente para que sepas que hay personas así. No tienes la obligación de ser como ellas, pero sí el derecho a saber que existen.

Y ambos se quedaron parados un rato más, mirando la plaza, muy quietos bajo el sol de junio.

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