Reino Unido, otro lustro de austeridad

El primer ministro británico, David Cameron, no supo contestar cuando el pasado mes de marzo el periodista Jeremy Paxman le preguntó, ante millones de espectadores, por el número de bancos de alimentos creados desde que asumió el cargo en 2010. Estaba al tanto de que la cifra había aumentado, pero no acertó a decir cuánto exactamente.

Escuchar de boca del periodista que de 66 habían pasado a 421 no le hizo apenas inmutarse, sabía que aquello sería fácil de abordar. Lo único que tenía que hacer era recurrir, una vez más, a la respuesta comodín: la crisis económica, una combinación de palabras tan eficaz en la argumentación política que le sirvió para justificar que 900.000 personas subsistan gracias a la caridad en la sexta economía más rica del mundo sin apenas alboroto.

Los medios hablan de una paliza contundente al sistema social: “conservadurismo de clase obrera”

Han pasado cinco meses desde aquella entrevista y una mayoría absoluta no solo ha revalidado las políticas del Gobierno conservador, sino que ha avalado su continuación. La semana pasada el ministro británico de Finanzas, George Osborne, presentó en el Parlamento el primer presupuesto íntegramente tory desde 1996. Tras meses alimentando el rumor de que serían unas cuentas implacables con el estado de bienestar, ciertas concesiones han permitido al Ejecutivo promocionar su presupuesto como un proyecto económico moderado. En lugar de un apuñalamiento en el corazón, los medios hablan de una paliza contundente al sistema social: “conservadurismo de clase obrera”, lo han llegado a bautizar algunos analistas.

En Ejecutivo británico prevé recortar en total 12 mil millones de libras (17 mil millones de euros) en tres años –en lugar de dos años como había mencionado el propio ministro de Finanzas en marzo-. Entre las medidas se encuentra la congelación de todas las ayudas sociales durante cuatro años, a excepción de pensiones, discapacidad y maternidad; la supresión de las ayudas a partir del tercer hijo a partir de 2017; la eliminación del impuesto de sucesiones para las viviendas de menos 1 millón de libras (1,4 millones de euros); y la bajada del impuesto de sociedades, ya de por sí bajo, de forma progresiva del 20% actual al 18% en 2020. Lo que no se recortará es el presupuesto de defensa, que por el contrario aumentará para cumplir con la recomendación de la OTAN de que el gasto nunca baje del 2 por ciento de PIB.

En un intento por compensar los recortes de prestaciones sociales, para muchas familias un auténtico complemento al sueldo a final de mes, el presupuesto incluye un aumento en el salario mínimo a los mayores de 25 años, cuyo nombre “living wage” (“salario digno”) ha despertado numerosas críticas. De las actuales 6,5 libras a la hora (9 euros), se pasará a 7,20 libras/h (10 euros) en abril del año que viene y a 9 libras/h (12,5 euros) en 2020.

El director de la Fundación por un Salario Digno, Rhys Moore, aseguraba tras conocer la noticia que, aunque sea una medida bien recibida, despierta algunas dudas: “¿Es esto realmente un salario digno? El salario digno se calcula de acuerdo al coste de la vida, mientras que la Comisión de Salarios Bajos calcula la cantidad en base a lo que el mercado puede soportar. Sin un cambio de mandato en la Comisión esto es efectivamente un mayor salario mínimo, pero no un salario digno”. Otras voces críticas recuerdan, además, que el salario mínimo se revisa periódicamente y de seguir con su evolución normal se hubiera incrementado de igual manera por encima de las 8 libras por hora en 2020.

“Los líderes europeos han negado las evidencias de que la austeridad está costando vidas”

Con estas medidas el Gobierno conservador sitúa la reducción del déficit por encima de cualquier otra prioridad, con mayor contundencia incluso que en el anterior Gobierno en coalición con el partido Liberal Demócrata –con quienes no consiguieron cumplir los objetivos fiscales-. Del 4,8 por ciento del PIB actual pretenden rebajar al 3,7 por ciento este año, al 2.2 por ciento en 2016 y así sucesivamente hasta dejar las cuentas con superávit en 2019-20 (y empezar entonces a pagar la deuda).  Mientras que sus defensores alegan mayor crecimiento, el truco de la controvertida receta de la austeridad se esconde en los términos de ese crecimiento, generalmente, en base a experiencias anteriores, enormemente desigual.

“Nuestros políticos necesitan tener en cuenta las consecuencias graves y, en algunos casos, de larga duración, que la elección de políticas económicas puede tener en la salud. Por ahora, los líderes europeos han negado las evidencias de que la austeridad está costando vidas”, aseguraba David Stuckler, profesor de política económica en la Universidad de Oxford durante la presentación de su última investigación sobre los efectos los recortes en tiempos de crisis. “En última instancia, lo que demostramos es que un empeoramiento de la salud no es una consecuencia inevitable de las recesiones económicas, es una elección política. La austeridad es mala para la salud”, añadía el también profesor Sanjay Basu, coautor del estudio.

En Escocia, el Gobierno nacionalista ha puesto el grito en el cielo. Una vez más la historia se ha vuelta a repetir, un gobierno que no ha sido elegido por sus votantes impone sus medidas económicas al norte de la frontera.  “La congelación de las prestaciones hará que los más vulnerables en nuestra sociedad sigan siendo los que más golpeados, mientras que la revisión del salario mínimo no ofrece un salario digno (…), que pueda ser justo y compensar la pérdida (de prestaciones sociales)”, aseguraba John Swinney del Partido Nacionalista Escocés en un comunicado. Otros cinco años, como mínimo, de políticas de austeridad en Reino Unido es más que probable que eleven la tensión en un momento ya de por sí delicado tras el referéndum de independencia en Escocia el año pasado.

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Foto de portada: Glasgow un día de lluvia (Autor: Giuseppe Milo)

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