El TTIP y la improbable armonización entre precaución y riesgos alimentarios

El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (conocido como TTIP, por sus siglas en inglés) es un acuerdo bilateral de comercio que se encuentra en negociación desde julio de 2013 y tiene importantes implicaciones en aspectos regulatorios, laborales, medioambientales, y alimentarios.

En este último artículo del reportaje conjunto entre Mayhem Revista y El Salmón contracorriente evaluamos las posibles consecuencias del tratado –por lo que podemos conocer de él- en el ámbito alimentario y medioambiental. En las anteriores entregas puedes leer más sobre las líneas generales del tratado y sus consecuencias laborales.

Precaución frente a análisis de riesgos

Una de las claves del tratado, enunciada en el Mandato negociador del Consejo Europeo al equipo de negociadores que dirige el español Ignacio García Bercero, es la supresión de lo que se conoce como ‘barreras no arancelarias’ (‘non-tariff barriers’) al comercio entre las grandes áreas económicas: la estadounidense y la europea.

El concepto de barreras no arancelarias es una noción muy amplia que incluye todas las regulaciones que no son en sí derechos de aduana o aranceles, sino que incluyen desde normativas locales, usos de seguridad, políticas de protección medioambiental, alimentaria o sanitaria. Se trata de una de las líneas más finas del mandato negociador por lo controvertido de cambiar las regulaciones, aunque el Consejo Europeo se protege pidiendo al equipo negociador “reconocer que las partes no buscarán desarrollar el comercio o la inversión exterior bajando los estándares medioambientales, laborales o sanitarios domésticos”.

En el ámbito alimentario esta armonización –como se suele denominar a la adecuación de regulaciones diferentes- se plantea especialmente difícil, por la diferencia de culturas en cuanto al control de los productos que llegan al consumidor, según explica Javier Guzmán, director de Veterinarios Sin Fronteras VSF Justicia Alimentaria Global.

“Nosotros tenemos un sistema que se llama de precaución, es decir, que antes de sacar cualquier alimento, producto químico o agrotóxico al mercado, la empresa tiene que asegurar con estudios científicos de que esto es inocuo y no causa problemas de salud a la población. Por eso aquí no se venden transgénicos o no han entrado algunos tóxicos que sí hay en Estados Unidos, y ante la duda se para. Lo que hacen en EE.UU. es análisis de riesgos, justamente al revés. Mientras el estado no demuestre que esto es inocuo lo vendemos, y en el caso de que tengamos evidencia científica de que no esté muy claro si es bueno o malo pues se vende, por lo tanto es un sistema muy hecho al favor de las empresas”, argumenta Guzmán.

El sistema de precaución que se utiliza en la UE también es relevante para las organizaciones políticas ecologistas, que pueden apelar a él para luchar a favor del medio ambiente. “Aquí hay una lucha muy fuerte sobre el principio de precaución que tenemos en la UE, que de hecho nos sirve a los ecologistas para luchar contra todo este tipo de tecnologías que son nocivas para el medio ambiente. El TTIP puede permitir justamente pasar por encima de este principio de precaución”, apunta Florent Marcellesi, representante de Equo en el Parlamento Europeo.

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, durante la entrevista con Mayhem Revista y El Salmón Contracorriente (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, durante la entrevista con Mayhem Revista y El Salmón Contracorriente (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Desde la actividad negociadora de la UE, se niega por sistema este aspecto, y se repite insistentemente que nada va a cambiar en cuanto a la regulación alimentaria. Así lo atestiguaba Ignacio García Bercero, jefe del equipo negociador europeo para el TTIP, en conversación telefónica con Mayhem Revista:

“Sobre los temas de seguridad alimentaria lo hemos dicho muy claro: no vamos a plantear nada en esta negociación que implique modificar las normas europeas en materia de seguridad alimentaria”, afirmó.

El sector cárnico

Entre los negocios que más controversia han generado dentro de la industria alimentaria, el sector cárnico es uno de los más conocidos. Prácticas como el uso de antibióticos dirigidos al crecimiento de la masa muscular de las reses (utilizados como factor de engorde, en lugar de para curar enfermedades), o el controvertido uso del cloro para desinfectar pollos son algunos de los usos que más preocupan a los opositores al tratado.

“Hay que comprender que el negocio de la carne que es uno de los mayores negocios y lobbys que están presionando porque tienen también detrás toda una industria veterinaria farmacológica que está presionando para vender antibióticos, para vender diferentes tipos de medicamentos para ganado, para ampliar el número de cabezas de ganado por granja, por tanto ir hacia un modelo distinto de venta y producción”, agrega Guzmán.

El caso de la industria cárnica es, para el negociador García Bercero un “ejemplo claro” de un caso en el que “ni la armonización ni el reconocimiento mutuo” es posible. “Europa tiene una serie de legislaciones en materia alimentaria que practica el sector cárnico donde no se permite la utilización de hormonas de crecimiento y esto no va a cambiar, no va a cambiar de modo alguno por esta negociación y tampoco creo que vamos a convencer a los EE.UU. de que prohíban dichas hormonas. Por lo cual, en este caso las normas son diferentes y cualquier producto que se ponga en mercado europeo debe cumplir con las normas europeas”, declaró el jefe de la negociación europea.

Lucía Vicent escucha una pregunta durante la entrevista en la sede de FUHEM (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Lucía Vicent escucha una pregunta durante la entrevista en la sede de FUHEM (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Pese a la firmeza con la que se expresa el jefe de la negociación europea, la investigadora de la Universidad Complutense de Madrid y FUHEM Ecosocial Lucía Vicent alerta de que la experiencia de otros tratados de libre comercio entre zonas con regulaciones distintas es que al final se impone la normativa “más laxa”. Vicent también revela otro punto de fractura: la diferencia entre un modelo de grandes propiedades agrarias en Estados Unidos, frente a la pervivencia de pequeños agricultores en la Unión Europea.

“Se intuye que habría una concentración de los agronegocios. En la UE, la presencia de pequeños agricultores todavía es muy importante y ello perjudicaría no solo a estos agricultores, sino también al tipo de cultivo que se produce en las pequeñas plantaciones ya que, las grandes corporaciones que comercian con productos transgénicos estadounidenses suponen una gran competencia ante la que Europa no puede enfrentarse”, explica la investigadora.

En Estados Unidos, con una superficie similar a la europea, existen 3.000 explotaciones ganaderas, frente a las 12.000 europeas, lo que da idea del tamaño de los negocios agrarios americanos, aporta Xarlos Martínez Ozcariz, responsable del Área de Administración y Gestión/Proyectos de la organización de consumidores CECU. Una de las claves de la contestación al TTIP también está en ese aspecto, ya que aquellos países con una mayor articulación del movimiento agrario, como Francia, son los que más presión están ejerciendo sobre la opinión pública acerca del tratado.

Etiquetas y responsabilidad

Al respecto del tratamiento y la armonización de estándares de consumo, una de las preocupaciones recurrentes de la opinión pública crítica con el tratado es la posibilidad de que este acuerdo abra las fronteras de la Unión Europea a productos elaborados conforme a estándares que no son los europeos. Como ya hemos visto con la carne o el pollo, también otros productos están bajo sospecha, por ejemplo los productos cosméticos. En Estados Unidos se venden más de 1.000 productos cosméticos que en Europa están prohibidos, según indican en La Marea. Aunque la Comisión Europea anunció en febrero de 2015 que la lista de componentes cosméticos no se armonizaría en el tratado apenas unos días antes el director de la representación de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca, había abierto la puerta a esta posibilidad en una entrevista a la organización de consumidores OCU.

“Pongamos un ejemplo. En Europa decidimos que el ingrediente X es mejor no usarlo en productos de maquillaje. Porque no hay evidencia científica de que sea negativo, pero tenemos algunas dudas. Entonces los americanos nos dicen que ellos lo usan porque no tienen ningún ejemplo de problemas médicos relacionados con el ingrediente X. Bueno, pues a lo mejor hay soluciones.  Por ejemplo: advertir en el etiquetado de que este producto americano entra sin barreras, pero ¡ojo! porque hay divergencias científicas. No da alergias, pero tenemos dudas. Escoja usted, porque también tiene este otro producto que cuesta 1 euro más y no lleva ese ingrediente X. Eso es darle responsabilidad al consumidor, ¿o acaso eso es derogar nuestros estándares?”, decía Fonseca.

Preguntado por estas declaraciones por Mayhem Revista, Ignacio García Bercero reconoció el “error” del representante español y aseguró que la posición es “muy clara”

“Hemos dicho muy claramente que en el tema de lo etiquetados que existe en la legislación europea una lista negativa, esta lista negativa indica una serie de sustancias que no pueden ser utilizadas en los cosméticos que se comercializan en Europa y esa lista negativa se mantiene por lo tanto no es posible que un cosmético americano se comercialice en Europa si incluye sustancias que están en la lista negativa de la legislación europea”, explicó Bercero, que extiende esa posición a cualquier otro ámbito, no solo los cosméticos sino los productos alimentarios.

Para el negociador europeo, la situación en productos cosméticos o farmacéuticos están más en la reducción de inspecciones que realizan tanto europeos como americanos y que pueden estar “duplicadas” a los ojos de los negociadores del tratado.

“Tanto en EE.UU. Como en la UE antes de que un producto farmacéutico salga a la venta es necesario inspeccionar las empresas que fabrican el producto para asegurarse de que se producen con normas satisfactorias, y esta es una inspección que actualmente se hace normalmente aunque las empresas hayan sido ya inspeccionadas por los inspectores europeos, los inspectores americanos insisten en que ellos deben hacer personalmente otra inspección,  con lo cual tenemos una duplicación de inspecciones que presenta un coste que nos parece innecesario”, explica García Bercero, que asegura que esta duplicidad se plantea en otros sectores, como el agroalimentario.

Denominaciones de origen, en riesgo

Entre las consecuencias de un futuro mercado común, también ha sido muy comprometido en varios países, como en Alemania, el asunto de las denominaciones de origen o indicaciones geográficas europeas. Nombres de productos protegidos como las salchichas de Fránkfurt alemanas, el queso feta griego o el parmesano italiano podrían no ser reconocidos en el mercado estadounidense; que también podría ofrecer productos similares pero manufacturados en su propio país.

Carlos Martínez Oscáriz (izquierda) responde a una pregunta junto a Javier Guzmán. Foto: Álvaro Alonso

Carlos Martínez Oscáriz (izquierda) responde a una pregunta junto a Javier Guzmán. Foto: Álvaro Alonso

“El tema de las denominaciones de origen es otro que Estados Unidos piensa que es una barrera no arancelaria a sus productos”, explica Javier Guzmán, director de Veterinarios Sin Fronteras VSF Justicia Alimentaria Global. Estados Unidos sí reconoce variedades de origen en mercados como el del vino, pero no en otros muchos productos, como es el caso de los aceites, lo que ya está provocando un movimiento por parte de empresarios aceiteros, según Guzmán.

Ahora mismo hay empresarios españoles que están plantando miles y miles de hectáreas en California de olivos preparando para importar a España. ¿Por qué? Porque es más barato, son campos mucho más grandes, pueden fumigar de manera masiva… El único problema son las barreras no arancelarias, no los costes. Este aceite se puede vender al 50% del precio que vendemos en España. Como es aceite de oliva, los americanos dicen que no pueden diferenciarlo del aceite de Córdoba o de Jaén”, indica.

El jefe de la legación negociadora europea, reconoce también dificultades para las indicaciones geográficas fuera de nuestras fronteras, aunque asegura que no va a eliminarse ninguna protección dentro de Europa. Hasta el momento, solo los vinos tienen protección de indicación geográfica en Estados Unidos.

“Lo que estamos intentando ver en esta negociación es si podemos mejorar la protección de dichas indicaciones en el mercado americano. Tenemos ya un acuerdo con EE.UU. sobre los vinos, que permite que gran cantidad de indicaciones geográficas europeas, aunque no todas, se protejan en el mercado americano. Estamos intentando ver si esa protección se puede mejorar y extender no sólo para los vinos sino para otros productos alimentarios como los quesos, el jamón… Es un tema difícil”, apunta el negociador

El secretario de Agricultura de Estados Unidos, Tom Vilsack, llegó a especular en 2014 con la posibilidad de incluir una indicación geográfica después del nombre protegido para indicarlo a los consumidores. “Hay terrenos intermedios en este aspecto. Una de las opciones podría ser que Estados Unidos no tenga que abandonar nombres como ‘feta’ o ‘cheddar’, pudiendo alcanzar un acuerdo que incluya poner otro adjetivo delante, como por ejemplo ‘Wisconsin cheddar’ para dejar claro que no es cheddar inglés”, declaró Vilsack en abril de 2014.

Insecticidas, pesticidas y regulación posterior

Otra de las preocupaciones que presentan los críticos al TTIP es el uso de plaguicidas y pesticidas, que si bien son ya utilizados en la UE, tienen una mayor aceptación en Estados Unidos.

“No es que en España no estemos metiendo plaguicidas, metemos muchos, pero no será nada comparado con lo que nos vendrá si realmente estamos equilibrando la capacidad de compra y de entrada de plaguicidas que en EEUU están legalizados y son de uso común. No habrá diferencia entre un campo de Wisconsin y un campo de aquí. Y si la hay, el precio de aquí será tan caro que el mercado lo va a expulsar”, argumenta el director de VSF Justicia Alimentaria Global.

El uso de pesticidas y plaguicidas es también muestra una de las claves en los tratados de libre comercio: el riesgo de la biodiversidad agraria. Guzmán recurre al tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA) para ejemplificar un caso.

México era uno de los grandes reservorios y productores, también Guatemala, de maíz, de maíz propio. Además, México y Guatemala son la cuna del maíz a nivel mundial, es ahí donde aparece y donde hay una gran biodiversidad. Ahora están importando maíz transgénico de EEUU en la propia cuna de la producción del maíz. Ese es el ejemplo más evidente. Si alguien pensaba que iban a exportar maíz, pues no: están importando maíz de mucha peor calidad y además como es transgénico, están perdiendo sus variedades autóctonas, están cada vez creciendo más territorio contaminándolas en todo esto y con una gran cantidad de dependencia, de insumos de los agroquímicos, que casualmente también venden las mismas compañías que les venden las semillas”, explica.

Otra de las preocupaciones para Javier Guzmán es un organismo, que se ha denominado Consejo de Cooperación Regulatoria, y que podría provocar que los aspectos más controvertidos que hayan sido desechados del tratado aparezcan posteriormente en negociaciones fuera del escrutinio público. Ignacio García Bercero asegura que este organismo –todavía sin nombre oficial- no tendrá capacidad decisoria en materia reglamentaria, sino que será más un organismo de seguimiento del tratado.

ignacio García Bercero (izquierda) y Dan Mullaney, jefes de las delegaciones de negociación europea y estadounidense sobre el TTIP, durante una de las rondas de negociación (Foto: Comisión Europea)

ignacio García Bercero (izquierda) y Dan Mullaney, jefes de las delegaciones de negociación europea y estadounidense sobre el TTIP, durante una de las rondas de negociación (Foto: Comisión Europea)

“El objetivo es asegurarse de que una vez que el acuerdo ha sido concluido haya un buen seguimiento sobre los compromisos que se han alcanzado, porque en el acuerdo habrá una serie de compromisos de cooperación en materia reglamentaria y se trata de asegurar que dichos compromisos sean seguidos de una manera efectiva”, afirma el enviado europeo, que asegura que habrá presencia de la sociedad civil en este organismo, uno de los más contestados por la oposición al tratado junto a los mecanismos de arbitraje de diferencias estado-inversor, conocidos por sus siglas en inglés ISDS (Investor-state dispute settlement), de los que ya hablamos en anteriores reportajes.

Crecimiento por el crecimiento

Florent Marcellesi, eurodiputado de la formación ecologista Equo, se plantea también el escenario de futuro que plantea el TTIP en cuanto al horizonte medioambiental, que ve como “un paso a marchas forzadas” hacia una economía “basada en el crecimiento por el crecimiento”.

“Está cogiendo el sentido contrario hacia lo que sería una economía sostenible, es decir, una economía local, relocalizada en torno a los circuitos cortos de producción y consumo, una economía basada en la cooperación y que dice adiós a la energía fósil y que se abra realmente a la reducción de consumo energético, al ahorro, a las energías renovables y a la eficiencia energética”, declara.

Un tratado en el que la población y el bien común sea “lo fundamental” es la clave que traslada Carlos Martínez Ozcariz, de la asociación de consumidores CECU. “Parece ser que siempre estemos dando el mensaje del “no a”. Los que propugnamos el no a este tipo de acuerdos es que queremos un sí distinto, una globalización alternativa”, finaliza.

***

Ver también: TTIP: La última frontera de la globalización y Cómo puede afectar el TTIP a tu puesto de trabajo

Tercera y última parte del reportaje sobre el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido por el acrónimo en inglés TTIP), el tratado de libre comercio e inversiones que están actualmente negociando la Unión Europea y Estados Unidos. Realizado conjuntamente por Mayhem Revista y El Salmón Contracorriente.

 

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