Las bereberes marroquíes: luchadoras en la cordillera del Atlas

En el conjunto de aldeas bereberes –Ait Moussa–localizadas en el Atlas marroquí, la dureza de la vida cotidiana golpea de manera más acuciante a niñas y mujeres. El pueblo de Ait Yaakoub, que cuenta con un total de 300 viviendas, sobrevive al aislamiento del frío invierno y a las condiciones adversas del tiempo gracias al trabajo desempeñado por las mujeres y madres de familia, comisionadas de la economía del pueblo.

Este pequeño “matriarcado” en el que las mujeres son las encargadas del cuidado de los campos y de los animales, así como de la totalidad de las tareas domésticas, no garantiza sin embargo la independencia tanto económica como familiar de las mismas, así como su poder dentro de la comunidad. De hecho, esta dedicación a las tareas agrícolas sumado a la importancia del matrimonio apartan a las mujeres de la escuela a edades muy tempranas. Este pronto inicio en el mundo laboral conlleva un verdadero orgullo para las mujeres bereberes, algunas de las cuáles, consideran una afrenta la colaboración de los hombres en las tareas más duras del campo, responsabilidad de mujeres con gran fortaleza interior y extraordinaria fuerza como Aisha o Fatma.

La realidad de Ait Yaakoub oscila entre grandes deficiencias de infraestructuras y un difícil acceso al sistema sanitario marroquí –el pueblo cuenta con un pequeño ambulatorio con algunas medicinas muy básicas  atendido por una enfermera delegada por el gobierno en la localidad–. El transporte que comunica con otros pueblos y ciudades es prácticamente testimonial, y se complica durante el invierno, cuando el Atlas se cubre de nieve. Estos hechos, dificultan, por ejemplo, la atención adecuada de las mujeres en el momento del parto, algunas de las cuáles dan a luz en el transcurso de alguna de sus actividades domésticas en los campos o bien en sus propias casas atendidas por sus hijas mayores o alguna vecina. La falta de salubridad del agua o la presencia de ratas en algunas casas amenazan también la propia salud de sus habitantes.

Finalmente, las dificultades educativas son otra de las lacras que afectan principalmente a las niñas. Si bien el pueblo cuenta con una escuela primaria, a partir de los doce años y una vez terminada la enseñanza básica, los estudiantes deben caminar 15 kilómetros hasta la escuela secundaria más cercana o bien trasladarse a otra localidad para poder continuar sus estudios. Si bien la mayoría de los varones suelen realizar este largo camino para continuar con su aprendizaje, muchas de las familias del pueblo se niegan “por miedo” a que sus hijas pequeñas realicen este camino. Comienza entonces la única vía para muchas de ellas: el matrimonio. Hasta entonces se dedicarán a ayudar a sus familiares en las tareas del campo y del hogar: cuidando de sus hermanos pequeños, recogiendo el maíz, caminando varios kilómetros para encontrar carbón, cargando sus botellas de agua en los pocos burros que poseen para poder cocinar y beber en sus casas y, finalmente, lavando la ropa de toda la familia en el río. Algunas jóvenes y niñas bereberes acudirán también al campo en grupo a recoger ramas que, tras deshojarse, venderán a los comerciantes para elaborar artesanía de mimbre.

Ante la dureza de la vida en el Atlas, algunas mujeres apoyadas por unos pocos hombres han impulsado en Ait Yaakoub una asociación. Si bien el aislamiento de estos enclaves no fomenta el comercio e intercambio, sino el autoconsumo y la autogestión de las familias, algunas vecinas ya comparten un horno eléctrico en el que preparan el pan y los dulces que acompañan el té gracias a la iniciativa de esta asociación. Asimismo y con ayuda de voluntarios de otros pueblos acondicionarán próximamente un local en el que las mujeres podrán tejer alfombras con motivos bereberes. Aunque aún queda mucho por hacer –por ejemplo–, un verdadero reparto de tareas domésticas y agrícolas entre hombres y mujeres– y la inclusión de las mujeres en la toma de decisiones de la comunidad, se trata de pequeños pasos en la lucha por la emancipación de las bereberes, un hecho que no solo lograrán trabajando, sino pudiendo administrar los bienes obtenidos con el esfuerzo de su labor.

El pueblo de Ait Yaakoub en las montañas del Atlas está situado en un enclave que deja entrever los resquicios de la colonización francesa. Prácticamente sin desarrollo de sus infraestructuras, sus habitantes viven en exclusiva del campo y la ganadería, de cuyo trabajo se hacen cargo las mujeres, pues la única función de los hombres es la posesión de las tierras y la tarea de regar los campos.

El pueblo de Ait Yaakoub en las montañas del Atlas está situado en un enclave que deja entrever los resquicios de la colonización francesa. Prácticamente sin desarrollo de infraestructuras, sus habitantes viven en exclusiva del campo y la ganadería, de cuyo trabajo se hacen cargo las mujeres. La única función de los hombres es la posesión de las tierras y la tarea de regar los campos. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Fatma y Aisha, vecinas y amigas, se levantan cada día a las cinco de la mañana para recoger carbón y trabajar la propiedad del hermano de Fatma, de donde recogen manzanas y alimento para los animales.

Fatma y Aisha, vecinas y amigas, se levantan cada día a las cinco de la mañana para recoger carbón y trabajar la propiedad del hermano de Fatma, de donde recogen manzanas y alimento para los animales. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

3)Desde primeras horas de la mañana hasta la caída del sol, cuando las mujeres desaparecen de las calles del pueblo, el trasiego de burros cargados con alimentos para los animales y las imágenes de mujeres llevando a sus espaldas decenas de plantas de maíz se convierten en un retrato habitual de Ait Yaakoub. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez

Desde primeras horas de la mañana hasta la caída del sol, cuando las mujeres desaparecen de las calles del pueblo, el trasiego de burros cargados con alimentos para los animales y las imágenes de mujeres llevando a sus espaldas decenas de plantas de maíz se convierten en un retrato habitual de Ait Yaakoub. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Fatma recoge maíz en los campos cercanos, algunas mazorcas servirán de comida a los burros y vacas, mientras otras serán asadas para los niños de la familia. Las mujeres de Ait Yaakoub cargan a sus espaldas con el maíz y otras plantas a través de un sistema de arnés de cuerda. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Fatma recoge maíz en los campos cercanos, algunas mazorcas servirán de comida a los burros y vacas, mientras otras serán asadas para los niños de la familia. Las mujeres de Ait Yaakoub cargan a sus espaldas con el maíz y otras plantas a través de un sistema de arnés de cuerda. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Después de realizar sus tareas en el campo, Fatma y Aisha, acompañadas de otras mujeres y de las hijas de Aisha amasan y cuecen el pan en un horno tradicional marroquí. Juntas comparten momentos de distensión y también el bocado de pan con mantequilla artesanal que elaboran con la leche de sus vacas. La comunidad produce prácticamente la totalidad de los alimentos que consume a través de sus propios recursos. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Después de realizar sus tareas en el campo, Fatma y Aisha, acompañadas de otras mujeres y de las hijas de Aisha amasan y cuecen el pan en un horno tradicional marroquí. Juntas comparten momentos de distensión y también el bocado de pan con mantequilla artesanal que elaboran con la leche de sus vacas. La comunidad produce prácticamente la totalidad de los alimentos que consume a través de sus propios recursos. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Las niñas bereberes ayudan a sus madres en tareas como la recogida de agua de la fuente cercana e incluso las acompañan a los campos con los hermanos menores, de los cuales, deben hacerse cargo mientras sus madres trabajan. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Las niñas bereberes ayudan a sus madres en tareas como la recogida de agua de la fuente cercana e incluso las acompañan a los campos con los hermanos menores, de los cuales, deben hacerse cargo mientras sus madres trabajan. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

Recogen caracoles los días de lluvia y cuando sale el sol parten ramas que deshojan hasta dejar peladas para vender a los artesanos del mimbre. Las niñas del pueblo aprovechan cada mañana para juntarse, cantar y socializar juntas, al tiempo que la recogida de ramas y caracoles les reportan algunos dírhams con los que comprarse material escolar o algo de ropa. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez

Recogen caracoles los días de lluvia y cuando sale el sol parten ramas que deshojan hasta dejar peladas para vender a los artesanos del mimbre. Las niñas del pueblo aprovechan cada mañana para juntarse, cantar y socializar juntas, al tiempo que la recogida de ramas y caracoles les reportan algunos dírhams con los que comprarse material escolar o algo de ropa. Fotografías de Sara Martín Gutiérrez.

Fatim Zahra ayuda a las mayores en la recogida de ramas durante una mañana de trabajo. Un empresario español compra el mimbre obtenido por 5 dírhams el kilo.

Fatim Zahra ayuda a las mayores en la recogida de ramas durante una mañana de trabajo. Un empresario español compra el mimbre obtenido por 5 dírhams el kilo. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

El resto de niños que pueblan Ait Yaakoub pasan solos la mayor parte del día, entreteniéndose en cada esquina y, los más atrevidos, jugando. Si bien muchos niños permanecen ociosos durante los meses de verano, las niñas ayudan a sus madres en las tareas del hogar o cuidando a sus hermanos pequeños.

El resto de niños que pueblan Ait Yaakoub pasan solos la mayor parte del día, entreteniéndose en cada esquina y, los más atrevidos, jugando. Si bien muchos niños permanecen ociosos durante los meses de verano, las niñas ayudan a sus madres en las tareas del hogar o cuidando a sus hermanos pequeños. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

El empoderamiento de las futuras mujeres de los pueblos bereberes del Atlas solo será posible con la inclusión educativa de las niñas, que sufren una tasa mayor de abandono de los estudios que los niños.

El empoderamiento de las futuras mujeres de los pueblos bereberes del Atlas solo será posible con la inclusión educativa de las niñas, que sufren una tasa mayor de abandono de los estudios que los niños, así como con el impulso de iniciativas locales que tomen a la mujer como motor de cambio y desarrollo. Fotografía de Sara Martín Gutiérrez.

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